Tercera Joya Para Tu Carácter Discípulo

Tercera Joya Para Tu Carácter Discípulo

 

DISCÍPULOS MADUROS EN EL MODO DE PENSAR

I Corintios 14:20
Ser maduros en el modo de pensar, es demostrar de modo natural, sin desplantes de autoridad; autonomía en el modo de ser, de razonar y de actuar. En el caso de los creyentes en Cristo, lo hacen basados en la Palabra de Dios.

 

Ser maduro en el modo de pensar, es una verdadera joya que adorna el carácter de quien la alcanza, y glorifica al Dios Altísimo que se la concede.

 

Una persona madura en el modo de pensar, puede sujetarse sin problemas a la autoridad de un superior. Pero en el aspecto personal, no depende del pensamiento y las decisiones de otros.

 

Puede notar con facilidad la diferencia entre huecas filosofías y preferencias personales de algunos, y la genuina voz y voluntad de Dios. Sabe cual es la dirección que le muestra el Espíritu Santo y la sigue, sin dejarse llevar por tradiciones y “pareceres” o amenazas.

 

Ser maduros en el modo de pensar es algo que el Señor quiere ver en sus discípulos, del mismo modo que un padre espera que al llegar sus hijos a la mayoría de edad, piensen cuerdamente por sí mismos, y tomen las mejores decisiones para ellos y los suyos.

 

Los que son maduros en el modo de pensar son diferentes a la mayoría de las personas. Se mantienen en un nivel superior. Adquieren un nivel de liderazgo natural para servir, son independientes y Dios puede ser exaltado en las vidas de quienes son ministrados por ellos. Crecer bajo la enseñanza de alguien que es maduro en el modo de pensar, es siempre seguro y al mismo tiempo un privilegio.

 

Por falta de madurez en el modo de pensar, muchos se han dedicado a tratar de retener, entretener, y hasta divertir si es necesario a las personas en la iglesia para que crezcan numéricamente y que no se vayan. Pero cuán pocos se dedican a entrenarlos para transformar su carácter.

 

Un verdadero desafío para la cristiandad de hoy es producir gente madura en el modo de pensar. Pero se trata de un ciclo : No se producirán a menos que contemos con líderes maduros en el modo de pensar. ¿De donde vendrán entonces? Por eso Jesús habló de pedir al Señor que envíe obreros a su mies. Hacen falta obreros que muestren con el ejemplo trabajar físicamente en la viña del Señor no tanto predicadores que digan lo que se debe hacer en ella.

 

A nivel general, la gente no quiere pensar; prefieren divertirse, descansar, distraerse y que otro u otros piensen por ellos. No quieren tomarse el tiempo, ni quieren correr los riesgos que implica pensar por ellos mismos.

 

Los cristianos tenemos la siempre segura dirección de la Palabra de Dios si la tomamos en serio, pero aun así; a muchos les cuesta demasiado dedicarle tiempo a pensar.

 

La consecuencia de no tomar tiempo para pensar o meditar, obliga a ser siempre seguidores y no líderes; niños, y no adultos maduros en el modo de pensar.

Muchos prefieren vivir quejándose todo el tiempo del modo en que otros hacen las cosas. Otros se la pasan rete-contentos con que se les reconozca que llevan años en la iglesia.

 

A lo que la mayoría no está dispuesta es a pagar el precio de adquirir la “tercera joya que adornará su carácter”; es decir: Ser maduros en el modo de pensar. Tú ¿Qué prefieres?

Dios te la conceda si la deseas y la procuras:

 

Pastor Verde.

¿Discípulos De Cuello Blanco?

¿Discípulos De Cuello Blanco?

Siempre se ha sabido  que en una despedida,  la persona que tiene autoridad sobre otras, les puntualiza en ese momento crítico, sus  recomendaciones más importantes.  Ese es el caso en  el Evangelio de Juan capítulo 13.

Era la despedida; el momento justo para  que comprendieran  qué esperaba  de ellos con su muerte en la cruz apenas unas horas después. La lección no podía ser teórica, sino vivencial; práctica.

Pudo haberles pedido que se pusieran de rodillas ante Él. Que hicieran un compromiso solemne de que se mantendrían fieles a todo lo que les había enseñado en tres años. Pudo aceptar que le quemaran  incienso, que le adorasen   y le prometieran que no le fallarían so pena de la condenación eterna de sus almas. Pero no; les lavó y secó los pies a todos y les dijo: “Vosotros me llamáis Maestro,  y Señor; y decís bien, porque lo soy” Admitió con esas palabras, ser el Maestro entre maestros y  el Señor entre los señores. Sin embargo les hizo experimentar en sus propios pies  y frente a sus propios ojos,  su disposición para hacer el  trabajo de un esclavo.

Como Señor de señores, comenzó por  dejar su lugar en la mesa; se despojó de su manto; seguidamente se ciñó  la toalla y personalmente preparó también el agua en aquel lebrillo. No dio órdenes a nadie para que le proveyesen. Él mismo lo hizo todo.  (Como siempre). Estaba habituado a este tipo de acciones. Treinta y tres años atrás se había despojado a sí mismo de su apariencia divina y de su trono en la gloria para venir a este mundo donde fue confundido entre los pecadores.

Como  Maestro de maestros, les impartió la envolvente  e  imborrable  lección de servicio humilde de sus vidas.  Jamás  olvidarían   la sensación del agua  y de las manos de su Maestro y Señor sobre sus pies.

Cuando terminó con todos, tomó su manto, y volvió a su lugar protagónico en la mesa.  Entonces les dijo: “…ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”.

No pretendía establecer un ritual, sino una actitud; actitud de servicio en humildad en todos  ellos. Note que tampoco  les pidió que lo imitaran en ese momento. A diferencia de la mayoría de  los líderes del Antiguo Testamento cuyos liderazgos involucraron rituales  solemnes muchas veces; en el Nuevo Testamento, Dios mismo da un paso adelante y se coloca al frente  de modo visible,  palpable,  y audible en la persona del Hijo. Lo hizo así  para dar ejemplo práctico de como quería Dios que las acciones de los discípulos fueran ejecutadas.

El grupo estaba limitado a cierto número de personas. Si bien ese reducido número no era excluyente de otros, sino por motivos de espacio, tiempo, y porque ellos estuvieron con el desde el principio de su ministerio;  quizá además lo hizo así para dar a entender que la mejor aplicación de ese ejempló suyo la esperaría siempre de sus escogidos para el ministerio.

Hoy  esta lección y ejemplo suyo, sigue teniendo una vigencia  práctica y actual para nosotros los líderes de la iglesia. La selección que el Señor hizo de nosotros, nunca fue  para ejercer señorío, control, o cumplir rituales al pie de la letra.  (Exceptuando el bautismo y la cena del Señor). Nos escogió para ejercer un  liderazgo fundado en el servicio; con el motor  siempre encendido de un espíritu humilde. Servir sin “valets” que le quiten a uno la capa. Sin aguadores que nos traigan el lebrillo lleno o nos ciñan la toalla. Sin ayudantes  que la sostengan  mientras  lavamos los pies del otro.

Hermanos consiervos no temamos; nuestro lugar en la mesa no peligra nunca cuando hacemos trabajo de siervos, si es que por Él hemos sido llamados al ministerio. Hagamos lo que debamos con la humildad de su ejemplo. No busquemos subordinados para que  hagan lo que nos toca.

Evitemos intentar ser   “Siervos de cuello blanco”

Dios le bendiga.

Pastor Verde.

 

Ayúdame ¡Oh! Cristo.

Ayúdame ¡Oh! Cristo.

«Separados de mi; nada podreis hacer»; cuando Jesús dijo esto, se refirió obviamente a nada en su obra. Para hacer iglesia; para acrecentar el Reino, para llevar fruto a sus pies. Si Él no va con nosotros, por mucho que hagamos y nos esforcemos no resultará. Permíteme compartir contigo … ¡Ayúdame ¡Oh! Cristo.

Ayúdame ¡Oh! Cristo.

       Ayúdame a empezar con lo que tengo

       Ayúdame a empezar con lo que soy

       Ayúdame a empezar con lo que puedo;

       Ayúdame a empezar… ¡Hoy!

 

       Ayúdame a esforzarme cada día

       Ayúdame a entregarme a la labor

       Ayúdame a ejercer todo talento,

       Toda gracia, cada don.

      

       Motívame a buscarte a cada instante,

       Enséñame a confiarme a tu poder

       Ayúdame a entregarte de mañana

       Mis recursos, mi visión, mi ser

 

       Ayúdame a formar un gran equipo

       De hombres y mujeres que se den,

       De jóvenes y niños que en tu gracia

       Produzcan frutos; de uno, ¡Cien!

 

       Del mundo brillarán aparadores,

       El diablo hermoseará su tentación,

       Aún mi carne exigirá auto-complaciente;

       Ayúdame ¡Oh! Cristo a cumplir la comisión

¿Qué eres? ¿Qué tienes? ¿Qué puedes?

Para la obra de Dios, lo mucho que seamos, tengamos o podamos;  resulta ser como los pececillos que tenía aquel chico en medio de una multitud con hambre: ¡Nada! Pero  «nada» puesta en las manos del Señor; es otra cosa.

Dios le bendiga

Pastor Verde

25 de Octubre de 2002

En Carrillo Puerto 5 P.M.

Esperanzas Sin Futuro

Esperanzas Sin Futuro

Tanto la antigua historia como la contemporánea, confirman que en todas las épocas; todas las culturas, todas las latitudes del planeta, han existido personas enfermas de poder; ansiosas por ejercer control sobre otros.

Manipular vidas y personas al precio que sea. Lograr sus deshonestos planes y sacar provecho material de ello; es su negocio.

¿Qué pensamientos alimentan estas actitudes y conductas? ¿Qué esperan lograr con esto?

La Biblia dice en contexto, que el supuesto que alimenta esa actitud es que permanecerán por siempre en control y conservarán para siempre la riqueza que día a día han sumado a su botín.

Comenzando con Caín, y pasando por Nimrod en la antigua Babel; pasando por el faraón en el antiguo Egipto; reyes y gobernantes de toda clase. Amán, Manasés, Herodes, (toda una dinastía). Terribles mujeres como Jezabel o su «hijita» Atalía; Acab, Antíoco Epífanes y cientos más de ellos; son parte de una larga lista de nombres de tiranos y malosos que en su momento fueron el terror de multitudes y que la biblia registra. Ejercieron su poder  y dejaron sentir el peso del impacto de su puño sobre multitudes indefensas que tuvieron que soportar su sadismo e  impiedad.

A muchos de ellos, la psicología les llamaría psicópatas hoy. La Biblia los define como impíos. (Que no tienen o sienten compasión y piedad, ni temor de Dios).

El único beneficio que podemos atribuirles es que cuando afligieron a naciones enteras, el clamor angustioso de estos; subió al cielo y Dios se inclinó compadecido  proveyendo algún medio salvador o un alivio efectivo en medio de su tragedia. En su loca carrera, olvidaron que había un Dios en los cielos. Que es Paciente; si;  pero lo enoja la injusticia. Hay que recordar que muchas veces, los que sufrieron bajo sus reinados también le habían dado la espalda.

Hoy estas personas existen. Andan sueltos entre nosotros. No tienen que ser precisamente reyes o gobernantes. Están en medio de la sociedad; en el trabajo, la escuela o en nuestras propias familias. Tristemente muchas veces hasta en medio o al frente de iglesias. Este tipo de gente sigue y seguirá haciendo de las suyas. Pero mientras en el trono de los cielos haya un Dios “Tres veces Santo” ¡Ningún futuro trascendente  tienen sus esperanzas malévolas!

Quien se alegre porque logra con maldades,  aparentemente salirse con la suya; debe recordar esto: ¡Está condenado al fracaso! Es un perdedor. Su esplendor  es una burbuja de jabón que pronto se deshará en el aire por sí misma. Cuando menos por tres razones:

  1. Dios es eterno y piadoso; así que nunca tiene prisa para acabar con ellos.  Antes bien les da tiempo suficiente para que se arrepientan; en tanto robustece  la fe de los afligidos.
  2. Dios nunca se siente amenazado por ellos. Los disipará de un soplo”  Isaías 40:23-24;  “Me reiré desde los cielos de ellos” Salmos 2:4-5. Él puede hacerlo en cualquier momento.
  3. Pero además: El hombre vive tan poco… que de modo natural si no lo vence “prematuramente”  la enfermedad; simplemente lo harán los años. Después de aparentar ser sus aliados para conseguir sus propósitos; acabarán convirtiéndose en su peor enemigo. Más de uno acabó tan viejo, al grado de no poder tomar un vaso de agua del buró de su propia cama. Por último; alguien llegó a hacer efectiva la paga de sus pecados: La muerte. Nunca estuvieron listos para recibirla, pero ella fue la encargada de cortar de tajo todo el esplendor alcanzado para llevarlos de golpe a la presencia del Dios que nunca reconocieron.

 

Solo Dios vive y reina para siempre y por los siglos de los siglos. “Y toda rodilla se doblará ante Él”

El hombre; el hombre…”es solo un rocío que aparece por un poco de tiempo y de inmediato se desvanece”.

El Fin Terrenal  De Los Poderosos

Estos poderosos agotaron los preciosos últimos segundos de conciencia de sus vidas terrenales intentando defender  hasta con las uñas sus posiciones y posesiones. De mantener sus tesoros y control. De llevarse a la tumba todo lo que “era suyo” Pero la muerte invadió con sus tinieblas sus ojos para siempre. Sus pupilas quedaron congeladas contemplando  lo que dejaban y que ya era imposible retener. Tarde reconocieron (si lo hicieron) que “Sus esperanzas, no tenían futuro”.

Cuan diferente es el fin de los que tienen su esperanza puesta en Jesucristo. I Tesalonicenses  4:13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  

¡Nada tienen que defender pues todo es suyo en Cristo! Cerrarán los ojos puestos en el Autor y Consumador de su fe. No quieren un día más en la tierra cuando de ir al cielo se trata. Recuerdo a uno que dijo…  ”Fuera de ti; nada deseo en la tierra”. Y otro escribió: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

Terminemos el tema con este texto de la Palabra de Dios en contexto de Salmos 73: Miré y vi a los poderosos y luego volví a mirar y ya no estaban. Se fueron para siempre, y no dejaron más huella que el desprecio que sembraron. Nunca más volverán. Otros se levantarán seguramente; pero debieran pensar que su proceder es tan absurdo como el de los «grandes» del pasado. Quienes si aparecieran hoy; de inmediato se reunirían para echar planes para intentar dominar al mundo. Se verían como la siguiente imagen. Es un buen chiste ¿No?

Lo que no es chiste,  es que nunca fueron otra  cosa; es solo que jamás se dieron cuenta.

Sus esperanzas no tenían futuro.

 

Amigo mío: Tus esperanzas… ¿Tienen futuro? ¿En qué estás confiando?

Dios te bendiga: Pastor Verde.

¡Dame Más!

¡Dame Más!

Supongamos por un momento que después de ser recibido y abrazado por su padre, el hijo derrochador  (pródigo) hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque; ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera el padre respondido; hagamos una gran fiesta?

Seguramente que no; porque Jesús estaba enseñando centralmente sobre el arrepentimiento del pecador y el perdón amoroso de Dios con ésta parábola.

(Localice el pasaje Lucas 11:15-32 en su Biblia por favor)

Jesús comienza detallando las personas principales de esta parábola: Un padre y sus dos hijos. Y el asunto: La herencia.

El hijo menor, habla con su Padre (“ora”) y le dice…Padre; quiero ejercer el derecho que me corresponde por el simple hecho de ser tu hijo. Sé que parte de lo que tienes, debe ser mío y yo te pido que me lo des ahora.

El  padre accede positivamente. “Les repartió los bienes” (A ambos). El menor recibe su herencia y se va lejos. El mayor se queda en casa trabajando con su padre. El menor derrocha su herencia viviendo perdidamente hasta no quedarle nada.

Arruinado  y en muy mala situación recapacitó y pensó en…Volver a su padre; hablar nuevamente con él (orar). Reconocer ante él la naturaleza exacta de su falta. Expresarle cuan mal se siente por lo que ha hecho. Expresarle que se conforma con vivir como un criado bajo su techo porque habiendo malgastado lo que era suyo; ya no se consideraba digno de nada más. Estaba  dispuesto a pagar el precio y sufrir las consecuencias.

Hizo lo que pensó; y volvió a su padre. Y él respondió positivamente de nuevo. Lo vio venir de lejos y corrió hacia él para recibirlo. Estaba feliz de verlo a él y no del motivo que lo traía. Apenas comenzó a hablar (orar) el padre captó el sentido de lo que decía; y le interrumpió. Dio órdenes que seguramente sorprendieron y quebrantaron el corazón del hijo derrochador. ¡No podía creerlo!

Lo que conmovió al padre

Es que habló (oró) del modo que deseaba escuchar. Estaba buscando la comunión con su padre y no que su padre le diera más dinero. Así que el padre ordena una gran fiesta porque no hay mejor ocasión que una gran fiesta en la que se detiene toda actividad laboral para concentrarse uno en disfrutar de y con las personas asistentes. Todos los sentidos concentrados en disfrutar ¡Tremendo! La Biblia dice en el verso 24 “Comenzaron a regocijarse” un griterío como en la escuela a la hora del recreo Ja, ja.

Pero… supongamos por un momento que…

 

Después de ser recibido y abrazado por su padre, en vez de decir: padre he pecado…; el hijo derrochador hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera sido igual la respuesta del padre? ¡Probablemente no! Porque aunque su padre siguiera siendo rico. Aunque de corazón quisiera dárselo porque lo amaba. Eso no iba a ayudarlo en nada sino al contrario. La solución a su problema no sería más dinero. Sino que su problema hubiera sido su manera de ser y de pensar.

 

Algunas consecuencias hubieran sido…

El vestido hubiera colgado en el ropero por un tiempo más. El joyero no hubiera realizado una buena venta ese día. El zapatero no habría vendido un buen par de sandalias finas y caras. Todo el gozo del encuentro  se habría esfumado. Y no hubiera habido fiesta porque… “aunque hubiera venido y orado a su padre, lo habría hecho con el motivo incorrecto” ¡No habría nada qué celebrar! Parece que El único beneficiado hubiera sido el  becerro gordo. Hubiera engordado y vivido un poco más. Ja, ja.

 

 

CONCLUSIONES:

 

Todos sabemos que la parábola no termina así; pero tristemente, así sucede; y muchas veces con nuestra manera de orar. Parece que dinero, cosas  y prosperidad material es lo único que se le puede pedir a Dios.                                                                                                                                      

 

No tenéis  lo que pedís porque pedís mal para gastar en nuestros deleites. Santiago 4:3

Cuando se es joven en Cristo; (y en un descuido, toda la vida) casi siempre comenzamos exigiendo que Dios cumpla con su responsabilidad de darnos lo que prometió. Pero no venimos a Él  arrepentidos del mal modo en que hemos gastado lo que ya hemos recibido: tiempo, salud, trabajo y el dinero que ya tenemos o tuvimos; sino que venimos por más. (De ahí se afianzan y engañan a miles los que dicen que si aceptas a Cristo “Paras de sufrir”) ¡Dame, dame, dame! Es la única oración que se nos ocurre.

Hay que ser niño o inmaduro para suponer que quien menospreció el cielo y la gloria que ahí tenía para hacerse hombre. Y estando entre los hombres se hizo pobre entre los pobres querrá darnos dinero como lo más importante. ¡Enfáticamente no! Porque no es dinero nuestra más grande necesidad. Nuestra gran necesidad es comunión, relación, amistad con Dios. Cuando la tenemos, gozamos de todo lo necesario porque Él se ha comprometido a proveernos día a día de lo necesario. (Tampoco nos promete en Cristo riquezas terrenales) Pero es imposible obtener de Dios lo que queremos cuando no buscamos a Dios porque es Dios y lo amamos; sino  con interés de lo que puede darnos.

Hay muchas otras cosas qué debemos pedir y que no son dinero y cosas. Dios está dispuesto a colmarnos de ellas con mano abierta; sin medida. Por ejemplo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio. También debemos pedir… santidad, profundidad de conocimiento de Dios, pureza de corazón, integridad, lealtad, etc. Él quiere oír eso de nuestras bocas y está listo a darnos lo mejor y más gordo de ellas porque nos hacen mejores ciudadanos del reino celestial y eso es bueno en la tierra para sus planes. No como el dinero que puede acabar corrompiéndonos.

Pedir dinero y felicidad es petición típica de inmadurez espiritual.

¿Cómo y qué; ha está pidiendo de un tiempo acá? ¿Por qué no se olvida de pedir dinero, cosas y prosperidad material y comienza a pedirle a Dios lo que Él está listo para darle en abundancia?

Tal vez hay un vestido de lino blanco y fino, etiquetado con su nombre, que ha colgado del ropero de Dios por mucho tiempo. Quizás hay un anillo a su medida y con su nombre y  puede que también unas sandalias a su medida le están esperando. Quizás ha llegado la hora del becerro gordo de las bendiciones de Dios para usted, y habrá una gran fiesta en el cielo si usted se acerca hoy a Dios y simplemente no le dice: ¡Dame más dinero! Pero en cambio le dice: Señor: te amo y solo vine porque quiero estar cerca de ti.

Usted va descubrir que Dios ha sido siempre otro gran derrochador. Isaías 48:18-21 Malaquías 3:10 Hageo  2:18-23

Dios le bendiga. Pastor Verde

 

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¡Gooooooooooooool!

¡Gooooooooooooool!


¿Por qué cuando todo parece ir muy bien aparece la obra del diablo en medio de la iglesia? ¿Por qué cuando estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo y las cosas parecen marchar del todo bien algo comienza a afectarse en un momento?

Sin duda la principal ocupación del diablo es confundir, revertir, dividir y si pudiera, con gusto destruiría la obra de Dios. No debe sorprendernos, ni afectarnos demasiado porque precisamente por eso se llama diablo, Satanás, (adversario). El se ha mantenido en su papel oponiéndose a Dios siempre. Nunca va a hacer algo bueno. Aunque se disfrace de ángel de luz sus intenciones siguen siendo malas. El diablo nunca duda entre hacer el mal o hacer el bien, su pensamiento es de continuo el mal.

En estos días del mundial del futbol 2010 nos daremos cuenta como todos los porteros tratarán de parar los mejores tiros a  gol de sus rivales. Pues ese es precisamente el trabajo del diablo: parar nuestros mejores intentos de gol. Es decir: cada intento de glorificar a Dios con nuestra vida y servicio. Para eso está; por eso se llama diablo. Dios ha decidido dejarlo un ratito más pegando brincos para parar nuestros mejores tiros a gol, y ciertamente parará algunos de ellos; pero si no nos cansamos, y buscamos de Dios el poder, lograremos un buen marcador.

El problema real; no es que haya un diablo tratando de perjudicar lo que hacemos, no; el problema es que nosotros sí dudamos entre hacer lo bueno o lo malo, y  muchas veces, acabamos haciendo lo que es malo con la misma intención malévola del enemigo de Dios. Entonces elevamos el marcador;  pero en contra de nuestro propio equipo con «Autogoles» . Con razón el salmo 103:11 dice: Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. La misericordia de Dios es grande sobre nosotros cuando le fallamos.

Si cumplimos con nuestra parte, Dios sacará sus planes adelante. Y hay que reconocer que si no lo hacemos; de todos modos consumará sus propósitos. ¿Quién hizo la obra antes que entráramos al Reino de Dios? ¡Dios! A pesar que el diablo ha estado activo desde el huerto de Edén día tras día, no ha podido detener lo que Dios se ha propuesto hacer. En conclusión: no debemos sorprendernos de que el diablo se entrometa, ni esperar que un día decida no ser adversario. Es decir que un buen dia el diablo diga: Desde hoy no seré diablo, ya no los volveré estorbar. ¡Ja! No podemos esperar que se esté quieto ni un segundo; pero nosotros tampoco en nuestro servicio a Dios, ¿Amén? Tiremos a gol una y otra vez. Desde diferentes ángulos. Sigamos intentándolo en el nombre de Cristo sin cansarnos.

Recordemos esto: Del mismo modo en que algunos jugadores solo participan una vez en un mundial de futbol, nosotros solo tenemos una oportunidad para mostrarle a Dios que lo amamos: ¡Esta vida! Cuando estemos en el cielo ya no tendremos oportunidad de probar nada. Para entonces, ya todo lo que hayamos hecho en el cuerpo habrá sido probado por fuego según I Corintios 3:13 sea bueno o sea malo. ¡Es ahora! cuando vivimos en este frágil vaso que es este cuerpo de pecado; cuando tenemos que glorificar a nuestro precioso Dios. Cito como ejemplo de esto a nuestro hermano Pedro quien dijo tres veces al Señor: «Señor tu sabes que te amo» (aunque también sabes que te negué tres veces). Hoy nadie puede dudar del amor de Pedro hacia el Señor porque a su tiempo entregó su vida por la causa del Evangelio, pero lo demostró cuando estuvo en el cuerpo no ahora que está en el cielo.

Ninguna victoria más grande pareció haberse apuntado el enemigo, cuando en el Calvario, nuestro Salvador derramó su sangre preciosa hasta morir para lavar nuestros pecados. Cuando las tinieblas parecieron apoderarse de todo y de todos, Dios tuvo ¡Y aun  tiene! el poder de deshacer las obras del diablo y convirtió  la cruz de Cristo en su victoria más grande por toda la eternidad  ¡Cristo metió el más grande gol en la historia de los hijos de Dios! Pero note que no eliminó al diablo;

Así que; no nos cansemos de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos. No le cedamos lugar al diablo. Evangelicemos y pacientemente discipulemos hasta formar el carácter de Cristo en los nuevos convertidos. Así podremos resistir  vestidos con toda la armadura de Dios al que anda alrededor buscando a quien devorar.

Dios le bendiga : Pastor Verde

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