por M. F. Verde. | Mar 5, 2011 | Discípulo Y Carácter, Discípulos Siglo XXI, Discípulos y Sociedad, Enseñando A La Iglesia
Supongamos por un momento que después de ser recibido y abrazado por su padre, el hijo derrochador (pródigo) hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque; ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera el padre respondido; hagamos una gran fiesta?
Seguramente que no; porque Jesús estaba enseñando centralmente sobre el arrepentimiento del pecador y el perdón amoroso de Dios con ésta parábola.
(Localice el pasaje Lucas 11:15-32 en su Biblia por favor)
Jesús comienza detallando las personas principales de esta parábola: Un padre y sus dos hijos. Y el asunto: La herencia.
El hijo menor, habla con su Padre (“ora”) y le dice…Padre; quiero ejercer el derecho que me corresponde por el simple hecho de ser tu hijo. Sé que parte de lo que tienes, debe ser mío y yo te pido que me lo des ahora.
El padre accede positivamente. “Les repartió los bienes” (A ambos). El menor recibe su herencia y se va lejos. El mayor se queda en casa trabajando con su padre. El menor derrocha su herencia viviendo perdidamente hasta no quedarle nada.
Arruinado y en muy mala situación recapacitó y pensó en…Volver a su padre; hablar nuevamente con él (orar). Reconocer ante él la naturaleza exacta de su falta. Expresarle cuan mal se siente por lo que ha hecho. Expresarle que se conforma con vivir como un criado bajo su techo porque habiendo malgastado lo que era suyo; ya no se consideraba digno de nada más. Estaba dispuesto a pagar el precio y sufrir las consecuencias.
Hizo lo que pensó; y volvió a su padre. Y él respondió positivamente de nuevo. Lo vio venir de lejos y corrió hacia él para recibirlo. Estaba feliz de verlo a él y no del motivo que lo traía. Apenas comenzó a hablar (orar) el padre captó el sentido de lo que decía; y le interrumpió. Dio órdenes que seguramente sorprendieron y quebrantaron el corazón del hijo derrochador. ¡No podía creerlo!
Lo que conmovió al padre
Es que habló (oró) del modo que deseaba escuchar. Estaba buscando la comunión con su padre y no que su padre le diera más dinero. Así que el padre ordena una gran fiesta porque no hay mejor ocasión que una gran fiesta en la que se detiene toda actividad laboral para concentrarse uno en disfrutar de y con las personas asistentes. Todos los sentidos concentrados en disfrutar ¡Tremendo! La Biblia dice en el verso 24 “Comenzaron a regocijarse” un griterío como en la escuela a la hora del recreo Ja, ja.
Pero… supongamos por un momento que…
Después de ser recibido y abrazado por su padre, en vez de decir: padre he pecado…; el hijo derrochador hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera sido igual la respuesta del padre? ¡Probablemente no! Porque aunque su padre siguiera siendo rico. Aunque de corazón quisiera dárselo porque lo amaba. Eso no iba a ayudarlo en nada sino al contrario. La solución a su problema no sería más dinero. Sino que su problema hubiera sido su manera de ser y de pensar.
Algunas consecuencias hubieran sido…
El vestido hubiera colgado en el ropero por un tiempo más. El joyero no hubiera realizado una buena venta ese día. El zapatero no habría vendido un buen par de sandalias finas y caras. Todo el gozo del encuentro se habría esfumado. Y no hubiera habido fiesta porque… “aunque hubiera venido y orado a su padre, lo habría hecho con el motivo incorrecto” ¡No habría nada qué celebrar! Parece que El único beneficiado hubiera sido el becerro gordo. Hubiera engordado y vivido un poco más. Ja, ja.
CONCLUSIONES:
Todos sabemos que la parábola no termina así; pero tristemente, así sucede; y muchas veces con nuestra manera de orar. Parece que dinero, cosas y prosperidad material es lo único que se le puede pedir a Dios.
No tenéis lo que pedís porque pedís mal para gastar en nuestros deleites. Santiago 4:3
Cuando se es joven en Cristo; (y en un descuido, toda la vida) casi siempre comenzamos exigiendo que Dios cumpla con su responsabilidad de darnos lo que prometió. Pero no venimos a Él arrepentidos del mal modo en que hemos gastado lo que ya hemos recibido: tiempo, salud, trabajo y el dinero que ya tenemos o tuvimos; sino que venimos por más. (De ahí se afianzan y engañan a miles los que dicen que si aceptas a Cristo “Paras de sufrir”) ¡Dame, dame, dame! Es la única oración que se nos ocurre.
Hay que ser niño o inmaduro para suponer que quien menospreció el cielo y la gloria que ahí tenía para hacerse hombre. Y estando entre los hombres se hizo pobre entre los pobres querrá darnos dinero como lo más importante. ¡Enfáticamente no! Porque no es dinero nuestra más grande necesidad. Nuestra gran necesidad es comunión, relación, amistad con Dios. Cuando la tenemos, gozamos de todo lo necesario porque Él se ha comprometido a proveernos día a día de lo necesario. (Tampoco nos promete en Cristo riquezas terrenales) Pero es imposible obtener de Dios lo que queremos cuando no buscamos a Dios porque es Dios y lo amamos; sino con interés de lo que puede darnos.
Hay muchas otras cosas qué debemos pedir y que no son dinero y cosas. Dios está dispuesto a colmarnos de ellas con mano abierta; sin medida. Por ejemplo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio. También debemos pedir… santidad, profundidad de conocimiento de Dios, pureza de corazón, integridad, lealtad, etc. Él quiere oír eso de nuestras bocas y está listo a darnos lo mejor y más gordo de ellas porque nos hacen mejores ciudadanos del reino celestial y eso es bueno en la tierra para sus planes. No como el dinero que puede acabar corrompiéndonos.
Pedir dinero y felicidad es petición típica de inmadurez espiritual.
¿Cómo y qué; ha está pidiendo de un tiempo acá? ¿Por qué no se olvida de pedir dinero, cosas y prosperidad material y comienza a pedirle a Dios lo que Él está listo para darle en abundancia?
Tal vez hay un vestido de lino blanco y fino, etiquetado con su nombre, que ha colgado del ropero de Dios por mucho tiempo. Quizás hay un anillo a su medida y con su nombre y puede que también unas sandalias a su medida le están esperando. Quizás ha llegado la hora del becerro gordo de las bendiciones de Dios para usted, y habrá una gran fiesta en el cielo si usted se acerca hoy a Dios y simplemente no le dice: ¡Dame más dinero! Pero en cambio le dice: Señor: te amo y solo vine porque quiero estar cerca de ti.
Usted va descubrir que Dios ha sido siempre otro gran derrochador. Isaías 48:18-21 Malaquías 3:10 Hageo 2:18-23
Dios le bendiga. Pastor Verde
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por M. F. Verde. | May 26, 2010 | Discípulo Y Carácter, Enseñando A La Iglesia
¿Por qué cuando todo parece ir muy bien aparece la obra del diablo en medio de la iglesia? ¿Por qué cuando estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo y las cosas parecen marchar del todo bien algo comienza a afectarse en un momento?
Sin duda la principal ocupación del diablo es confundir, revertir, dividir y si pudiera, con gusto destruiría la obra de Dios. No debe sorprendernos, ni afectarnos demasiado porque precisamente por eso se llama diablo, Satanás, (adversario). El se ha mantenido en su papel oponiéndose a Dios siempre. Nunca va a hacer algo bueno. Aunque se disfrace de ángel de luz sus intenciones siguen siendo malas. El diablo nunca duda entre hacer el mal o hacer el bien, su pensamiento es de continuo el mal.
En estos días del mundial del futbol 2010 nos daremos cuenta como todos los porteros tratarán de parar los mejores tiros a gol de sus rivales. Pues ese es precisamente el trabajo del diablo: parar nuestros mejores intentos de gol. Es decir: cada intento de glorificar a Dios con nuestra vida y servicio. Para eso está; por eso se llama diablo. Dios ha decidido dejarlo un ratito más pegando brincos para parar nuestros mejores tiros a gol, y ciertamente parará algunos de ellos; pero si no nos cansamos, y buscamos de Dios el poder, lograremos un buen marcador.
El problema real; no es que haya un diablo tratando de perjudicar lo que hacemos, no; el problema es que nosotros sí dudamos entre hacer lo bueno o lo malo, y muchas veces, acabamos haciendo lo que es malo con la misma intención malévola del enemigo de Dios. Entonces elevamos el marcador; pero en contra de nuestro propio equipo con «Autogoles» . Con razón el salmo 103:11 dice: Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. La misericordia de Dios es grande sobre nosotros cuando le fallamos.
Si cumplimos con nuestra parte, Dios sacará sus planes adelante. Y hay que reconocer que si no lo hacemos; de todos modos consumará sus propósitos. ¿Quién hizo la obra antes que entráramos al Reino de Dios? ¡Dios! A pesar que el diablo ha estado activo desde el huerto de Edén día tras día, no ha podido detener lo que Dios se ha propuesto hacer. En conclusión: no debemos sorprendernos de que el diablo se entrometa, ni esperar que un día decida no ser adversario. Es decir que un buen dia el diablo diga: Desde hoy no seré diablo, ya no los volveré estorbar. ¡Ja! No podemos esperar que se esté quieto ni un segundo; pero nosotros tampoco en nuestro servicio a Dios, ¿Amén? Tiremos a gol una y otra vez. Desde diferentes ángulos. Sigamos intentándolo en el nombre de Cristo sin cansarnos.
Recordemos esto: Del mismo modo en que algunos jugadores solo participan una vez en un mundial de futbol, nosotros solo tenemos una oportunidad para mostrarle a Dios que lo amamos: ¡Esta vida! Cuando estemos en el cielo ya no tendremos oportunidad de probar nada. Para entonces, ya todo lo que hayamos hecho en el cuerpo habrá sido probado por fuego según I Corintios 3:13 sea bueno o sea malo. ¡Es ahora! cuando vivimos en este frágil vaso que es este cuerpo de pecado; cuando tenemos que glorificar a nuestro precioso Dios. Cito como ejemplo de esto a nuestro hermano Pedro quien dijo tres veces al Señor: «Señor tu sabes que te amo» (aunque también sabes que te negué tres veces). Hoy nadie puede dudar del amor de Pedro hacia el Señor porque a su tiempo entregó su vida por la causa del Evangelio, pero lo demostró cuando estuvo en el cuerpo no ahora que está en el cielo.
Ninguna victoria más grande pareció haberse apuntado el enemigo, cuando en el Calvario, nuestro Salvador derramó su sangre preciosa hasta morir para lavar nuestros pecados. Cuando las tinieblas parecieron apoderarse de todo y de todos, Dios tuvo ¡Y aun tiene! el poder de deshacer las obras del diablo y convirtió la cruz de Cristo en su victoria más grande por toda la eternidad ¡Cristo metió el más grande gol en la historia de los hijos de Dios! Pero note que no eliminó al diablo;
Así que; no nos cansemos de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos. No le cedamos lugar al diablo. Evangelicemos y pacientemente discipulemos hasta formar el carácter de Cristo en los nuevos convertidos. Así podremos resistir vestidos con toda la armadura de Dios al que anda alrededor buscando a quien devorar.
Dios le bendiga : Pastor Verde
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por M. F. Verde. | May 24, 2010 | Discípulo Y Carácter, Enseñando A La Iglesia
¿Por qué los cristianos se meten en problemas, caen en pecado o toman malas decisiones? ¿Por qué una buena parte de ellos no adquiere fuerza y se sostienen en los tiempos de conflictos? ¿Por qué sus vidas no cambian y se estancan? Lo creamos o no; lo sepamos o no; (y se supone que los cristianos lo saben muy bien y lo creen); el origen de nuestra vida física y espiritual es Dios. Así que el sustento de una vida espiritual saludable y vigorosa, depende absolutamente de una buena alimentación de la mente y el espíritu humano con la Palabra de Él. Mateo 4:4
Como pastor; muchas veces sentí que no había hecho lo suficiente para que los hermanos comprendieran su gran necesidad de la Palabra de Dios. Para que no la vieran como accesorio de su religión el domingo. Para que dejara de ser optativo estudiarla o no. Sinceramente, muchas veces me sentí impotente para transmitir de modo efectivo la INDISPENSABILIDAD DE LA PALABRA Y DEL TIEMPO A SOLAS CON DIOS, PARA VIVIR LA VIDA CRISTIANA EN VICTORIA, Mateo 4:4.
Un día me vino éste pensamiento ¿No será que no les he dicho cómo leerla? ¿Que no les he dicho dónde deben comenzar a leer? ¿Cómo deben meditar lo que leyeron? ¿Cuándo fue la última vez que me senté con alguien para enseñarle un modo efectivo de estudiar su Biblia?
Hermanos pastores: ¿No creen que el tiempo que pasamos enseñando a nuestros hermanos en el templo es demasiado breve? ¿Qué es insuficiente para dar todos los pequeños detalles que se necesitan para sacar el máximo provecho de la lectura bíblica?.
¡Dos o tres horas por semana nunca serán suficientes para que las “ovejas” estén fuertes y sanas! Con razón en Deuteronomio 6, el Señor le ordenó a los hebreos que sus palabras: “estuvieran sobre su corazón; que las repitieran a sus hijos, que las hablaran estando en casa, andando por el camino, al acostarse y al levantarse; que las ataran en su mano, que las pusieran frente a sus ojos, y las escribieran en los postes de sus casas y en sus puertas”. Los hermanos a nuestro cuidado, requieren comer espiritualmente a diario y con suficiencia. Para eso, es necesario dotarlos de un plan de estudio bíblico que haga posible que mantengan contacto permanente con Dios entre un culto y otro. En casa con la familia, en la calle, en el trabajo, en medio de la sociedad, y para que puedan hacerle frente al mundo, a las tentaciones y los conflictos.
Pastor: El discipulado personal es indispensable e impostergable, es decir: no se puede dejar para después. No hay otra forma más efectiva, para crear la disciplina que la vida de un cristiano demanda para mantenerlo espiritualmente activo todos los días.
Necesitamos proporcionarles los recursos para que aprendan paso a paso a experimentar un encuentro personal a diario con Dios ahí mismo donde están, ahí donde viven o trabajan. Del mismo modo en que Jesús les mostró a sus apóstoles el secreto de su éxito ministerial dejándose ver en oración por ellos, no para impresionarlos pero por supuesto que para instruirlos. Por favor; no demos por hecho que todos los hermanos estudian la Biblia diariamente. Es una fantasía. Si nosotros no hemos proveído los recursos para que lo hagan.
A los que he discipulado les he dicho: Con estos materiales, lo único que falta es que un ángel venga y te lea la Biblia y ore en tu lugar todos los días, como eso no va a ocurrir; ahora todo depende de ti. Yo puedo dormir tranquilo. – usa tu libre albedrío.
El plan que pongamos en sus manos debe incluir:
- Qué capítulos, de qué libro de la Biblia leer ese día.
- Cómo leerlos
- Cómo meditar en lo leído
- Como aplicar lo aprendido
- Cómo orar
- ¿Por qué cosas o asuntos orar?
- Y cómo medir sus progresos en comprensión de la Palabra y en tiempo efectivo de oración.
Descargue sin costo alguno: La lección 10 de la serie “Mientras Esperamos” “El Devocional Efectivo” y el Calendario Anual de lecturas bíblicas cronológicas.
Con esto se pueden evitar caídas, tropiezos y problemas. Ellos enfrentarán los retos de la vida y las tentaciones con eficacia y podrán permanecer productivos al servicio de Dios hasta su muerte o su venida.
El plan está a su alcance con un clic. Una vez descargado e impreso, estará en sus manos para compartirlo y practicarlo. Lo mismo que su Biblia. Ahora el responsable de usarlos será usted; Yo ya puedo dormir tranquilo.
Dios le bendiga: Pastor Verde.
por M. F. Verde. | May 10, 2010 | Discípulo Y Carácter, Enseñando A La Iglesia
¿Frutos o Fruto del Espíritu Santo?
Por bastante tiempo he escuchado de parte de muchos creyentes referirse a “Los frutos del Espíritu Santo”. Se basan en Gálatas 5: 22 y 23, donde se dan nueve nombres a ¿nueve frutos? que el Espíritu Santo produce en los creyentes.
Creo que la foto del encabezado de este artículo proyecta la idea de que la sandía puede contener al mismo tiempo, los sabores de una manzana, de uvas verdes y rojas, de kiwi, de naranjas y peras, y también sus texturas, sus aromas, y los colores característicos de cada una. Se trata de un arreglo que alguien con mucha imaginación y creatividad hizo para proyectar una idea. Obviamente no es real. Nunca partiremos una sandía y brotarán de su interior todas las frutas que vemos en la imagen.
Pues bien; resulta que el apóstol Pablo dice en Gálatas 5:22 y 23: -“Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,? mansedumbre, templanza”.
Solo que él menciona “El Fruto” y no “los frutos” del Espíritu . ¿Cómo debemos entender esto entonces? Bueno: me parece que puede ser explicado de manera muy sencilla.
Pensemos en una sandía nuevamente, pero esta vez en su estado natural, para ilustrar esta preciosa enseñanza de la Palabra de Dios.
Una sandía, siendo un solo fruto, lleva en su género diversas características que la hacen reconocible de inmediato. Dentro de sí misma encierra una diversidad de particularidades. Es decir: una sandía es por lo general una fruta ovalada, grande y pesada. Tiene una cáscara algo dura aunque delgada de color verde que la recubre. Algunas veces esa cáscara presenta tenues rayas blancas hacia lo largo de toda la fruta, y cubre la parte blanda y casi insípida de color blanco que se encuentra en su interior. Esta pared blanca; a su vez, recubre la parte de color rojo tan deseada que es dulce, aromática y jugosa, a donde queremos llegar al cortar la fruta; pero donde se encuentran también las semillas que no nos permiten devorarla con mayor rapidez. ¡Ja, ja, ja!
¡Un solo fruto pero con muchas características! ¿Lo vio?
Del mismo modo el Espíritu Santo produce su fruto en nosotros. Ese Fruto es al mismo tiempo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y templanza (o dominio propio). Un solo fruto con varias características; varias características en un solo fruto.
Luego no son frutos sino: “El Fruto del Espíritu Santo”.
Si analizamos cada una de las nueve características del fruto nos daremos cuenta que conforman un carácter, proyectan una personalidad, y esa personalidad una persona.
El fruto del Espíritu Santo no es ni más, ni menos, que el precioso y dulce carácter de nuestro Señor Jesucristo implantado sobre nuestro propio carácter humano casi siempre agrio, amargo, de olor no grato y seco por las huellas de nuestros pecados. (Tal vez alguna vez conozca a algún cristiano con un carácter así).
Es el Espíritu Santo quien reproduce en nosotros a través de “Su Fruto” “ese mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús”; y que se demanda que haya en nosotros en Filipenses 2:5. El fruto del Espíritu Santo nos capacita para ejercer nuestros dones espirituales Efesios 4:11 y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores y maestros …por ejemplo y ministrar con eficacia y propiedad haciendo uso del carácter de Cristo, que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y dominio propio. Solo el carácter de Cristo contiene todos los atributos que menciona Gálatas 5:22 y 23 de modo perfecto. Es “el” carácter de Cristo y no “los caracteres de Cristo”.
Con el fruto del Espíritu, demostramos la presencia de Cristo en nuestro andar diario; en la forma en que realizamos nuestro ministerio y servicio, en el modo que tratamos a nuestro prójimo y nos conducimos en nuestros asuntos cada día.
¡EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO ES CRISTO EN NOSOTROS!
Dios nunca nos pide que seamos algo, o que hagamos algo, para lo cual no haya proveído el recurso. ¡Gloria a Dios! ¡Estamos completos en Él!
La obra del Dulce Espíritu de Dios, como siempre; nos sorprende. Y aun no acabamos de conocerle para darle toda la honra y la gloria que merece.
Publico esta nota para ilustrar con un ejemplo práctico lo que tampoco me fue fácil entender a mí. Es mi deseo que usted glorifique a Dios por el Fruto de su Santo Espíritu y refleje el carácter de Cristo en todo lo que hace.
Dios le colme de Él…Pastor Verde.
por M. F. Verde. | May 7, 2010 | Discipulos de mente abierta, Enseñando A La Iglesia
¿Qué es primero?
¿Arreglar vidas o predicar el Evangelio?
Existe una tendencia sutil que resta buenas oportunidades de presentar el Evangelio y hasta es motivo de que algunos que se acercan a la iglesia, buscando una opción para solucionar sus problemas, se retiren frustrados, porque lejos de ser ayudados; son heridos, y a pesar de que en la iglesia se predica la Palabra del Dios de amor, muchas veces no tienen la capacidad de discernir su verdadera necesidad y tampoco alcanzan escuchar el grito de auxilio de sus almas.
Estoy hablando de la tendencia de arreglar vidas antes que presentar el Evangelio.
Es decir; para los varones: no se vista de esa manera, no utilice ese tipo de camisetas, no hable de ese modo, córtese el pelo, rasúrese, no use ese peinado. Para las mujeres: no se pinte de ese modo, no utilice ese tipo de joyas, no se recorte el cabello, no venga a la iglesia vestida de ese modo. Ya no fume, no vuelva a tomar, no siga usando drogas, no baile, no vaya al cine, no vea televisión, no juegue a la lotería, cásense primero, y la lista puede crecer y crecer.
Es como si alguien hubiera mandado a la iglesia: “¡Vayan por todo el mundo y arreglen el mayor número de vidas que puedan” !-¡Pongan esas vidas en orden!
Si habláramos de cosas; es seguro que uno puede arreglarlas. Ponerlas en orden tomará muy poquito tiempo y trabajo, pero al fin se arreglan u ordenan. Las cosas no tienen sentimientos, ni voluntad, ni costumbres; entonces no pueden resistirse, incomodarse; ni tampoco pueden ser heridas u ofendidas.
Las personas son mucho más complicadas. Cuando alguien trata de intervenir en su estilo de vida para señalar sus errores, se defienden, argumentan, se resisten y finalmente muestran sus preferencias haciendo uso del derecho que les asiste de vivir como les place. Aunque en lo profundo de su alma deseen salir del enredo en que se encuentran, normalmente no están dispuestos a aceptar que de entrada se les señale lo que están haciendo mal, lo que tienen que corregir o lo que tienen que hacer.
En casos así, hay que decidir si se comienza por intentar arreglar su vida (lo cual demandará señalar sus malas costumbres y decirles cómo deben ser y actuar); o primero se les presenta el Evangelio de gracia para que sus pecados sean perdonados y vengan a ser salvos.
Nunca debemos olvidar que la verdadera necesidad de las personas es espiritual y no se soluciona con un simple arreglo de su forma de vida. Ellos requieren la regeneración. Esto significa nuevo nacimiento; ser hechos de nuevo; y eso sólo Dios lo puede hacer. ¡Dios no repara, Dios crea una nueva criatura! Según 2 Co 5:17. Dios no reacomoda, ni parcha, ni remienda, Él hace de nuevo a la persona por dentro.
Arreglar una vida es como poner un parche, hacer un remiendo; disimular la falta, improvisar una solución. El mal estará ahí pero encubierto. Eso es precisamente lo que Jesús no hizo con la clase farisea que no era mejor que cualquier Barrabás de su época ni de la nuestra. Realmente el pecado de aparentar piedad no es menos grave para Dios que el de demostrar con uso de flagrancia que uno es mentiroso, drogadicto, borracho, adultero, o ladrón. Jesús dijo: – “El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos”. Rehusando así, cualquier intento de reparar sus vidas. Eso sí; siempre estuvo listo hasta altas horas de la noche para recibir a cualquier fariseo como Nicodemo que viniera abriendo su corazón a la Palabra de Dios, para predicarle el Evangelio de Gracia. Lo que realmente necesitan las personas es nacer de nuevo -le dijo Jesús a Nicodemo-. De nuevo no intentó arreglar su vida sino que naciera de nuevo. Si la persona escucha primeramente el Evangelio y cree en el Hijo de Dios, será salvo: Posteriormente el ministerio del Espíritu santo, la asimilación de la Palabra de Dios, el trabajo pastoral cuidadoso, y el discipulado amoroso de algún hermano o hermana según sea el caso, darán como resultado un estilo de vida diferente y opuesto al del momento del encuentro con Jesucristo. Solo que esto puede tomar varios años y demanda mucho amor, paciencia, y constancia del creyente y de la iglesia para llevarlo a la madurez de carácter.
Arreglar vidas; es decir: que adquieran una conducta aceptable para que después acepten a Cristo, puede producir muchos más “Iscariotes” de los que uno puede imaginarse. Todo mal estilo de vida procede del interior del hombre. Barnizar una vida con una nueva conducta no soluciona nada; al contrario, la empeora.
Es innegable que los que necesitan a Cristo necesitan también algún arreglo en su estilo de vida; no es raro, simplemente porque vienen del mundo; solo digo que en vez de empezar por arreglar sus vidas; primero presentemos el Evangelio. Por si tal vez quiera Dios hacerlos de nuevo.
Dios le bendiga…Pastor Verde
por M. F. Verde. | Abr 21, 2010 | Enseñando A La Iglesia
Del 1 al 10…
¿Qué calificación asigna a la calidad de la enseñanza en su iglesia?
¿Qué lugar ocupa la enseñanza en su congregación ¿1º, 2º, 3º ?
¿Qué estamos haciendo para enseñar de modo que los discípulos aprendan?
¿Cuanto esfuerzo y dinero invertimos en esto?
Reflexionemos…
Independientemente de la disposición de recursos humanos y económicos de que la iglesia pueda echar mano; e independientemente de las instalaciones y equipo con que cuente, siempre será posible elevar la calidad de la enseñanza de la Palabra de Dios.
Quizás dependa más de qué lugar ocupa la enseñanza en la mente y el corazón del liderazgo de una iglesia. Mientras más concientes estemos de que enseñar la Palabra es una de las bases que justifican la existencia de la iglesia, más empeño pondremos en alcanzar un nivel cada más elevado de la calidad y objetividad de la misma.
Una enseñanza objetiva y de cierto nivel de calidad, producirá aprendizaje y transformación de la vida de los que están siendo instruidos. Una enseñanza sin objetivos, llenará el tiempo asignado a la clase, dará la impresión de que se hace lo que se debe o se puede, pero sin la transformación que se espera de quienes aprenden del libro del Dios Vivo.
Para el Señor Jesucristo la predicación del Evangelio y la enseñanza de la voluntad de Dios a sus discípulos, constituyeron el centro de sus objetivos ministriales. Realmente todo lo que hizo y dijo fue desde y hacia la evangelización y la enseñanza de su bendita Palabra.
Para poder determinar con mayor exactitud algunas de las condicioens medibles que determinan el nivel de la enseñanza en una iglesia, he aquí un pequeño cuestionario que podría ayudar a aplicar conciencia sobre el tema. CUESTIONARIO en PDF (para bajar e imprimir). Se usan los colores de un semáforo para dar a entender si su iglesia está detenida, en espera o en marcha. Imprímalo y señale con una «X» las condiciones actuales de la enseñanza en su iglesia. (más…)