Hay que empezar por el principio. ¡Ningún ser humano puede producir avivamiento! Haga lo que haga. El avivamiento ni es obra del hombre, ni es el pago con el que Dios se ve obligado a retribuir la obra del hombre.
Mejor dicho, el avivamiento es la intervención soberana de Dios cuando los hombres han desfallecido. Como Elías, cuando huyó de Jezabel; o cuando han corrompido el plan original de Dios y Dios mismo tiene que intervenir para darle nuevo vigor y para retomar el curso que los hombres trastornaron. Como en I Reyes 13:2.
En consecuencia, a lo más y mejor que podemos aspirar, es a estar en buenas condiciones espirituales de suplicar, que en su infinita misericordia, Dios nos conceda alguna promesa que entendemos que por causa del hombre no se está consumando.
Tanto en el A. T. como en el N.T. Dios levantó hombres a quienes invistió de lo que quiso para iniciar avivamientos.
La punta del hilo es la Palabra de Dios. No es posible comenzar por otra parte. La simple intención de buscar a Dios en su Palabra puede hacer gran cosa en nosotros aunque no sea un avivamiento generalizado. Si realmente deseamos prepararnos para un avivamiento hay que ser objetivos en la selección de qué partes de la Biblia comenzar a estudiar.
Con Josías, todo comenzó con el hallazgo de la Palabra de Dios en 2 Reyes 22:3
Esdras, 1:1 “Para que se cumpliese la Palabra de Jehová”
Nehemías Capítulo 1 aunque todo parece indicar que este movimiento inició con la oración de Nehemías, la base de ese avivamiento no fue su oración sino su conocimiento contextual y fe profunda en la Palabra de Dios. Nadie que haya descuidado su estudio diligente de la Biblia estará en condiciones de orar como oró Nehemías.
El ministerio de Juan el bautista y la predicación del Evangelio el día de pentecostés son dos avivamientos clásicos del N.T. que comenzaron con la Palabra. Vea Lucas 3:2 «Vino Palabra de Dios a Juan» y Lucas 24:49 Los apóstoles estaban obedeciendo la Palabra del Señor, cuando les dijo: «Quedaos vosotros en Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto».
Los Grandes Avivamientos en la Historia.
No me ha sido fácil determinar con claridad los verdaderos avivamientos de la historia posterior al N.T debido a que casi todo está plagado de relatos tendenciosos de corte pentecostalista que me hacen dudar como para escribirlos aquí.-No cabe duda que acaban afectando el darle la gloria a Dios por sus hechos en la historia-
Pero me queda claro que una nueva era dio inicio con la impresión del primer libro que se imprimió: la Biblia. Ocurrió el 23 de febrero de 1455. -¿Coincidencia? ¡Claro que no!-
Estos hechos; -la imprenta y la impresión de la Biblia- representaron la luz que empezó a filtrarse por la salida del oscuro y largo túnel de la edad media.
Después de la Reforma tuvieron lugar al menos dos avivamientos extensivos. -Basándome en la que considero fuente histórica seria, digna de crédito: -Los libros de historia eclesiástica de Justo L. Gonzalez-.
El primer avivamiento:
Ya para 1734 las discusiones doctrinales resultados de la reforma, habían adquirido cierto nivel de solidez, y las migraciones de los europeos a América del norte, estaban por dar a luz una nueva nación: Los Estados Unidos De américa.
Fue en ese año, 1734 en Massachusetts donde inició el primer avivamiento con Jonathan Edwards.
Justo L. González dice de él en su tomo 8 pág. 216 “La era de los dogmas y las dudas” -Lo que cito textualmente-.
-Edwards llevaba varios años predicando en Northampton sin obtener resultados sorprendentes, cuando él mismo se maravilló al ver la respuesta que su predicación comenzó a provocar. Sus sermones no eran excepcionalmente emotivos, pero si subrayaban la necesidad de una experiencia de convicción de pecado y de perdón por parte de Dios. La gente comenzó a responder, algunos con demostración de profunda emoción y muchos con un cambio de vida notable hasta entonces insólita. En pocos meses el movimiento barrió la comarca, y llegó hasta Connecticut. Pronto las experiencias extraordinarias se hicieron menos frecuentes –Como en Hechos de los Apóstoles- (cursivas mías) Y a los tres años habían cesado por completo-.
El segundo gran avivamiento.
Justo L González Tomo 9 “La era de los nuevos horizontes” Pág. 31
-A fines del siglo XVIII. Comenzó en Nueva Inglaterra. Contrariamente a lo que podría pensarse, este avivamiento no se caracterizó por grandes explosiones emotivas, sino lo que sucedía, era más bien que, de modo inusitado, las gentes empezaban a tomar su fe con mayor seriedad, reformaban sus costumbres para ajustarse mejor a las exigencias de esa fe. La asistencia a los cultos aumentó notablemente, y eran numerosas las personas que contaban experiencias de conversión. Se abrió paso entre los más notables teólogos de Nueva Inglaterra y pronto uno de sus principales predicadores fue el presidente de la universidad de Yale, Timothy Dwigth, nieto de Jonathan Edwards. En esa universidad, y en muchos otros centros docentes, se notó un gran despertar religioso. Como resultado de aquella primera fase del avivamiento, se fundaron docenas de sociedades con el propósito de difundir el mensaje del evangelio-.
En conclusión:
“La punta del hilo” para un avivamiento no es la oración, sino comenzar a tomar en serio la Palabra de Dios. De ella procederá la fe necesaria que como potente combustible, suplirá la energía que consumirá la oración. (La fe es por el oír) Nadie que no esté estudiando con devoción las Sagradas Escrituras podrá orar fervientemente, (Pedir con fe) a no ser que lo haga bajo la presión de una gran necesidad o enfermedad personal, pero eso no producirá ningún avivamiento.
Recomiendo ir a la sección Libros , y leer el libro: Por qué no llega el Avivamiento de Leonard Ravenhill.
Mira este vídeo de Leonardo Ravenhill predicando su mensaje: «Corazón Puro Iglesia Pura» subtitulado en español AUDIO-VIDEO-PREDICACIONES
Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad. Miqueas 7.14
Abigeato es la palabra con la que se designa hoy, un delito grave. Robar el ganado de otro que se ha encargado de reproducir, criar, cuidar y crecer; invirtiendo su vida, tiempo y dinero. Es un grave delito.
Algo sobre abigeato
Tomado de: http://www.inforural.com.mx/spip.php?article87993
Reforman en el Congreso local el Código Penal del Estado con el fin de evitar que salgan libres bajo fianza quienes cometan el delito de robo de ganado. “Se impondrá una pena de seis a doce años de prisión y una multa de trescientos días de salario, a quien en el medio rural se apodere de una o más cabezas de ganado, sin consentimiento legal de quien pueda disponer de ellas”.
Abigeo es el nombre que se le da a quien se dedica al robo de ganado.
Jesús le dijo a Pedro: Juan 21:14-18 Apacienta mis ovejas. Es verdad, en el plano espiritual, ningún pastor es dueño de las ovejas. Pero cada pastor, -Como Pedro- tiene la encomienda especial, personal, y directa del Señor de atender, alimentar, y ayudar a crecer a los que Dios le asigna.
Vergonzosamente entre los “Pastores de Iglesias” Hay muchos cuyo modus operandi es el abigeato.
No lo hacen por obedecer la Palabra.
La ética Paulina en cuanto a esto es: Romanos 15: 19-20 De manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del Evangelio. Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno. – ¡Qué saben o qué les importa esto a los “abigeos”!- Tienen en poco las reglas establecidas para el crecimiento de la iglesia y el respeto que les deben a las iglesias y los pastores que trabajan esforzadamente para sacar del mundo las ovejas del Señor con el Evangelio.
No lo hacen por ayudar espiritualmente al creyente. (Nada bueno puede ofrecer quien obra con falta de ética cristiana y deshonestidad) Note «el cuidado» que le dan a la oveja en el vídeo. La oveja no les importa, les importa el beneficio material que le saquen.
Un análisis de sus congregaciones testificará contra ellos dejando en claro que la mayoría de su gente ha sido sacada de sus congregaciones originales con “invitaciones” que aparentan buenas intenciones. Pero otras ovejas al ser sustraídas de sus rebaños originales, tampoco permanecieron ahí; finalmente acabaron confundidas, separadas y abandonadas.
En el fondo piensan que son mejores que otros pastores. Que como iglesia pueden ofrecer más que otras que también son el cuerpo de Cristo y que compró el Señor mismo con su misma sangre.
Si encuentran alguna persona miembro de otra iglesia «oveja ajena» mezclada con las suyas dan gracias a Dios, lo aceptan como si Dios se los hubiera enviado y nunca reportan lo que está ocurriendo al pastor original.
¿Qué hacer en este caso?
Los que genuinamente hacen discípulos evangelizando:
Seguir evangelizando.
Seguir enseñando la Palabra.
Orar por los pastores «abigeos»
Nunca “invitar” a nuestro templo o reuniones a quien sepamos que ya se está congregando.
Enseñar desde muy temprano a nuestros discípulos que nunca lo hagan.
Si alguien llega de visita a nuestro templo démosle la bienvenida, pero si va llegando varias veces y seguidas, hay que hablar con ellos y contactar al pastor de esas ovejas.
Esperemos a que aparezca el príncipe de los pastores el pondrá en honra a los verdaderos pastores y sancionará a los abigeos.
Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.1 Pedro 5:4
Si por ignorancia haz cometido esta grave falta en contra de otra iglesia y el trabajo de otro pastor, también haz atentado contra el Señor que decidió ponerlos ahí.
Pide perdón al Señor de los pastores.
Pide perdón a los pastores a quienes haz robado ovejas.
Comienza a evangelizar para acrecentar tu grey.
Deja de “Invitar” a los que sabes que ya se congregan.
Comienza a enseñar a tu gente a invitar inconversos, no a cristianos miembros de otras iglesias.
Deja de pensar que tu iglesia o tu son superiores a otros y arrepiéntete.
Acostúmbrate a contactar a los pastores de los cristianos que comienzan a llegar de visita a tu iglesia.
¡NO ESPERES QUE APAREZCA EL PRÍNCIPE DE LOS PASTORES!
¿Tu iglesia practica el discipulado? Descúbrelo y comienza a hacer discípulos
Si estás por iniciar en el hermoso llamado de hacer discípulos, uno de los primeros pasos importantes es reflexionar sobre el tipo de iglesia a la que perteneces. Esto marcará la manera en que puedes comenzar y avanzar en tu ministerio.
1. Si tu iglesia ya tiene un sistema de discipulado… ¡Eres bienaventurado!
Algunas iglesias ya cuentan con un plan estructurado de discipulado. Si este es tu caso, ¡felicidades! Lo más probable es que discipulados.com sea un recurso adicional que pueda motivar, capacitar y complementar lo que ya estás recibiendo en tu congregación.
Estas iglesias suelen tener materiales oficiales para hacer discípulos, y estarán a tu alcance conforme te capacites y avances en tu ministerio. Además, suelen tener una cultura activa de apoyo, donde el pastor y otros líderes entienden la importancia del discipulado y apoyan el proceso.
En este contexto, tu éxito dependerá principalmente de tu dedicación, constancia y comunión con Dios. Tú marcas el ritmo y la profundidad del trabajo que haces para Cristo.
2. Si tu iglesia no tiene un enfoque claro en el discipulado…
Por otro lado, si tu iglesia está más enfocada en aumentar la asistencia a los cultos, eso no está mal, pero puede presentar un reto. En estos casos, muchas personas terminan creyendo que la vida cristiana solo se trata de “ir a la iglesia los domingos”. Pero la verdad es que la vida cristiana va mucho más allá.
Aquí es donde se necesitan discípulos maduros que caminen uno a uno con los nuevos creyentes, enseñándoles a vivir la fe en lo cotidiano y a crecer “de gloria en gloria” hasta llegar a la madurez en Cristo.
3. Discipulados.com: tu aliado si estás comenzando
Si tu iglesia aún no tiene un plan de discipulado establecido, no te preocupes. En discipulados.com encontrarás todo lo que necesitas para comenzar:
Materiales para nuevos creyentes
Guías para llevar a otros a la madurez en Cristo
Acompañamiento, consejería y oración ministerial
Todo de forma gratuita
Estamos aquí para ayudarte a iniciar este ministerio poderoso y transformador, aunque al principio no recibas el reconocimiento que mereces. ¡Jesús también comenzó con uno a uno!
4. No te desanimes: el discipulado vale la pena
Sabemos que en iglesias centradas en eventos masivos, puede ser difícil que valoren el trabajo personal con cada creyente. Pero si perseveras con amor, fe y obediencia al Señor, llegará el momento en que veas fruto: personas maduras y comprometidas con Dios, como tú.
Recuerda que Jesús también comenzó con un pequeño grupo. Tú también puedes hacerlo.
Dicen que en el ser humano hay por naturaleza una resistencia al cambio. Si de cambiar el formato conocido para hacer las cosas implica que hay que probar, aprender y correr riesgos; la reacción estándar es preferir lo que ya se sabe, lo que se domina, lo que ya no demanda esfuerzo y no representa riesgo. En otras palabras se prefiere mantenerse en una zona de confort.
Jesús enfrentó la resistencia al cambio cuando el grueso de los fariseos, los sacerdotes saduceos y los escribas, presentaron un bloque en su contra porque su ministerio y su forma de ejercerlo era completamente distinto del modo en que ellos estaban acostumbrados a ver y hacer las cosas. El Señor se refirió a ello con el ejemplo del error de echar vino nuevo en odres viejos»
Luc. 5:37-39
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y agregó: Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
El nuevo modelo de ministerio del Señor (vino nuevo) lo invirtió (vertió) en personas abiertas al cambio (odres nuevos) Es decir gente con la que no tendría que estar luchando constantemente para moldearlos a su forma. ¿Lo ve? Es la razón por la que no fue al templo a buscar gente preparada -y es que seguramente habían muchos ahí-. ¿Estaban preparados? si, pero no para recibir el «Reino de los cielos». Estaban preparados para seguir haciendo las mismas cosas del modo en que estaban acostumbrados. ¿Hasta cuando? Hasta la venida del Mesías. ¡Su Mesías llegó, pero no pudieron reconocerlo! Tan influenciados estaba por su propias tradiciones y leyes que viendo, eran ciegos. Si alguien hacía algo que no era a su modo, lo veían con recelo. sospecha y resistencia. Se convertía en su enemigo.
Dos mil años después de haber sido establecida la iglesia, la resistencia al cambio está presente en ellas. Hay iglesias «abiertas» a cambios, y otras que no.
El sentido positivo de «Abiertos al cambio»
Cuando hablo de «abiertas» me refiero a iglesias dispuestas a hacer lo pertinente dentro de la ética y doctrina bíblicas para:
1) Difundir más extensamente el evangelio,
2) Elevar el nivel de calidad de su enseñanza bíblica.
3) Aplicar lo mejor de su potencial humano a hacer discípulos.
Iglesias listas para revaluar lo que están haciendo, y cómo lo están haciendo. Dispuestas a probar nuevos métodos. Iglesias dispuestas a invertir dinero, tiempo, y personal.Iglesias dispuestas a correr el riesgo de fallar, para aprender de los errores cometidos en la marcha, corregir y proseguir a la meta.
El sentido negativo de «Abiertos al cambio»
Jesús dijo:
Mateo 5:16-18 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.no he venido a abrogar la Ley sino a cumplirla.
Aunque su ministerio era diferente al modo en que los judíos hacían las cosas, no se apartaba de la Escritura. Todo lo contrario. Su movimiento estaba centrado en el espíritu de ella, y para probarlo, se dispuso Él mismo a cumplirla al pie de la letra, y sobre la cruz.
El sentido negativo de «Abiertos al cambio» es cuando por alcanzar los objetivos de «alguien» «o de algunos», la iglesia se dispone a hacer cualquier cosa que llame la atención. Que sea rimbombante, graciosa, espectacular, sin importar si contradicen las Escrituras. Si hay que crear doctrinas nuevas o torcerlas un poco para lograr la meta, no hay problema, el fin justifica los medios. Trágicamente para todos, el cristianismo del siglo XXI está infectado de esta plaga. Como lepra, va deformando y creando monstruos espantosos que dicen ser obra del Espíritu por el Nombre de Jesús de Nazaret. ¡La iglesia nunca debe abrirse a este tipo de cambios!
La iglesia que no admite cambios
Por último, queda el detalle de la iglesia que no admite cambios.
Independientemente de sus argumentos a favor, no se admiten cambios, porque lo más probable es que haya caído en legalismos parecidos a los que mencioné arriba; el de los escribas, fariseos y saduceos. «Ni entran, ni dejan entrar a otros». Se convierten en un grupo aislado, de donde el Señor no puede encontrar discípulos.
¿Donde será más fácil comenzar a hacer discípulos? ¿En la iglesia abierta a cambios, o en la cerrada?
En el ministerio de hacer discípulos intervienen dos elementos humanos y obviamente Dios mismo.
Jesús dijo en Juan 17:6, 9 y 12…
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. V.6 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, V.9 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. V.12.
No hay que dar muchas vueltas para darnos cuenta que el Señor Jesús atribuye al Padre el haber contactado a algunos para hacerlos sus discípulos.
Es Dios quien nos concede el honor y privilegio de trabajar no solo «con», pero “en” las personas que Él tiene a bien poner a nuestro cuidado y ministerio discipular. Claro; esto no implica que debo estar inmóvil esperando que alguien venga a mi casa un día rompiendo la puerta, y me suplique con ojos desorbitados que le enseñe la Palabra; ja, ja, -probablemente nunca ocurra- sino que tengo que pedir a Dios que me conceda la oportunidad de ejercer lo que de gracia me ha dado: –el modo de hacer discípulos– a algunas personas que Él ponga a mi alcance; en mi andar diario en su presencia. Pidiéndoselo con toda clase de ruegos. Porque Él es quien los ha ganado con su propia sangre, y suyos son.
Una vez entendido lo anterior pasamos a los dos elementos humanos que intervienen. Uno es el discípulo maestro, el otro es el nuevo discípulo, el que aprende del primero.
El Discípulo maestro
Hay un orden en el proceso de hacer discípulos y es el siguiente: El discipulado comienza con el discípulo que enseña, no con el que aprende. Es él quien tiene que asegurarse que su relación con Dios sea buena, que sus motivos para enseñar sean espirituales y que sus objetivos sean honrar a su Dios, Señor y Salvador. Si invertimos este orden y pensamos que el discipulado iniciará cuando surja alguien para ser entrenado, entraremos “fuera de tiempo”. El discípulomaestro tiene que prepararse y sostenerse en buena comunión con Dios, antes que tenga siquiera una idea de quien es el primer discípulo que Dios va a poner en su camino para entrenar. (Quien haya crecido en una iglesia de discipulados, sabe esto muy bien; pero si no; es indispensable mencionarlo)
El Nuevo Discípulo
Esta persona tiene que haber sido “movida”, “tocada” o “llamada” por Dios a su servicio. Es verdad; muchos son llamados, pero solo llegan a ser discípulos maestros o líderes de servicio quienes responden de inmediato con un sí rotundo, y sin pretextos al llamado de Dios.
Mira: para atraer gente hacia el Evangelio, normalmente las iglesias estamos dispuestas a hacer muchas cosas a veces chistosas: Nos disfrazamos de payasos, de bomberos, hacemos teatro, show de títeres y mucho más. Eso está muy bien, y pienso que todavía se puede hacer más si es necesario; siempre y cuando se haga para que los de afuera de la iglesia tengan oportunidad de escuchar el Evangelio y ofrecerles la salvación. -Personalmente, no me anima mucho hacerla de payaso para divertir y retener a los que ya están dentro de la iglesia-.
Cuando de discipular se trata es completamente diferente. No es cosa de andar persiguiendo a alguien insistiéndole que nos de la oportunidad de enseñarle. De rogarle todo el tiempo, pasando por alto que no nos reciba, que nos deje esperando en la puerta, que no llegue a la cita, o que tratemos de engatusarle con comidas o regalitos. No, definitivamente no. Tampoco presionándole de algún modo; no, mil veces no. Cuando de hacer discípulos se trata, tiene que haber un interés genuino en la persona. Debe desear ser discipulada. Debe anhelar aprender, servir a su Señor, conocerlo más y decirles a otros su maravillosa experiencia de haber sido encontrado y salvado por Él.
En Juan capítulo 1 del verso 35 en adelante encontramos:
35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.
38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?
39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.
40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.
41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).
42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).
Analizando lo anterior, vemos que a Juan el bautista le bastó señalarles quien era el Cordero de Dios y ellos de inmediato lo siguieron. No encontramos nunca al Señor rogándole a alguien que lo siga. Casi puedo asegurar que si quien intentamos discipular, no muestra un vivo interés en invertirse sirviendo al Señor, es mejor que el discípulo maestro invierta su tiempo en otro aspecto del ministerio en tanto sale uno que ponga el corazón en esto.
Hacer discípulos es asunto serio, trascendente. No se puede realizar… 1) Si Dios no nos los concede, 2) Si nosotros no estamos preparados (aunque no se requiere pasar años aprendiendo para comenzar a testificar) o 3) Si el nuevo no se interesa y compromete. ¡Comienza Ya!