por M. F. Verde. | Mar 5, 2011 | Discípulo Y Carácter, Discípulos Siglo XXI, Discípulos y Sociedad, Enseñando A La Iglesia
Supongamos por un momento que después de ser recibido y abrazado por su padre, el hijo derrochador (pródigo) hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque; ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera el padre respondido; hagamos una gran fiesta?
Seguramente que no; porque Jesús estaba enseñando centralmente sobre el arrepentimiento del pecador y el perdón amoroso de Dios con ésta parábola.
(Localice el pasaje Lucas 11:15-32 en su Biblia por favor)
Jesús comienza detallando las personas principales de esta parábola: Un padre y sus dos hijos. Y el asunto: La herencia.
El hijo menor, habla con su Padre (“ora”) y le dice…Padre; quiero ejercer el derecho que me corresponde por el simple hecho de ser tu hijo. Sé que parte de lo que tienes, debe ser mío y yo te pido que me lo des ahora.
El padre accede positivamente. “Les repartió los bienes” (A ambos). El menor recibe su herencia y se va lejos. El mayor se queda en casa trabajando con su padre. El menor derrocha su herencia viviendo perdidamente hasta no quedarle nada.
Arruinado y en muy mala situación recapacitó y pensó en…Volver a su padre; hablar nuevamente con él (orar). Reconocer ante él la naturaleza exacta de su falta. Expresarle cuan mal se siente por lo que ha hecho. Expresarle que se conforma con vivir como un criado bajo su techo porque habiendo malgastado lo que era suyo; ya no se consideraba digno de nada más. Estaba dispuesto a pagar el precio y sufrir las consecuencias.
Hizo lo que pensó; y volvió a su padre. Y él respondió positivamente de nuevo. Lo vio venir de lejos y corrió hacia él para recibirlo. Estaba feliz de verlo a él y no del motivo que lo traía. Apenas comenzó a hablar (orar) el padre captó el sentido de lo que decía; y le interrumpió. Dio órdenes que seguramente sorprendieron y quebrantaron el corazón del hijo derrochador. ¡No podía creerlo!
Lo que conmovió al padre
Es que habló (oró) del modo que deseaba escuchar. Estaba buscando la comunión con su padre y no que su padre le diera más dinero. Así que el padre ordena una gran fiesta porque no hay mejor ocasión que una gran fiesta en la que se detiene toda actividad laboral para concentrarse uno en disfrutar de y con las personas asistentes. Todos los sentidos concentrados en disfrutar ¡Tremendo! La Biblia dice en el verso 24 “Comenzaron a regocijarse” un griterío como en la escuela a la hora del recreo Ja, ja.
Pero… supongamos por un momento que…
Después de ser recibido y abrazado por su padre, en vez de decir: padre he pecado…; el hijo derrochador hubiera dicho: Papá; vine a verte porque… porque ¡Necesito más dinero! ¿Hubiera sido igual la respuesta del padre? ¡Probablemente no! Porque aunque su padre siguiera siendo rico. Aunque de corazón quisiera dárselo porque lo amaba. Eso no iba a ayudarlo en nada sino al contrario. La solución a su problema no sería más dinero. Sino que su problema hubiera sido su manera de ser y de pensar.
Algunas consecuencias hubieran sido…
El vestido hubiera colgado en el ropero por un tiempo más. El joyero no hubiera realizado una buena venta ese día. El zapatero no habría vendido un buen par de sandalias finas y caras. Todo el gozo del encuentro se habría esfumado. Y no hubiera habido fiesta porque… “aunque hubiera venido y orado a su padre, lo habría hecho con el motivo incorrecto” ¡No habría nada qué celebrar! Parece que El único beneficiado hubiera sido el becerro gordo. Hubiera engordado y vivido un poco más. Ja, ja.
CONCLUSIONES:
Todos sabemos que la parábola no termina así; pero tristemente, así sucede; y muchas veces con nuestra manera de orar. Parece que dinero, cosas y prosperidad material es lo único que se le puede pedir a Dios.
No tenéis lo que pedís porque pedís mal para gastar en nuestros deleites. Santiago 4:3
Cuando se es joven en Cristo; (y en un descuido, toda la vida) casi siempre comenzamos exigiendo que Dios cumpla con su responsabilidad de darnos lo que prometió. Pero no venimos a Él arrepentidos del mal modo en que hemos gastado lo que ya hemos recibido: tiempo, salud, trabajo y el dinero que ya tenemos o tuvimos; sino que venimos por más. (De ahí se afianzan y engañan a miles los que dicen que si aceptas a Cristo “Paras de sufrir”) ¡Dame, dame, dame! Es la única oración que se nos ocurre.
Hay que ser niño o inmaduro para suponer que quien menospreció el cielo y la gloria que ahí tenía para hacerse hombre. Y estando entre los hombres se hizo pobre entre los pobres querrá darnos dinero como lo más importante. ¡Enfáticamente no! Porque no es dinero nuestra más grande necesidad. Nuestra gran necesidad es comunión, relación, amistad con Dios. Cuando la tenemos, gozamos de todo lo necesario porque Él se ha comprometido a proveernos día a día de lo necesario. (Tampoco nos promete en Cristo riquezas terrenales) Pero es imposible obtener de Dios lo que queremos cuando no buscamos a Dios porque es Dios y lo amamos; sino con interés de lo que puede darnos.
Hay muchas otras cosas qué debemos pedir y que no son dinero y cosas. Dios está dispuesto a colmarnos de ellas con mano abierta; sin medida. Por ejemplo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio. También debemos pedir… santidad, profundidad de conocimiento de Dios, pureza de corazón, integridad, lealtad, etc. Él quiere oír eso de nuestras bocas y está listo a darnos lo mejor y más gordo de ellas porque nos hacen mejores ciudadanos del reino celestial y eso es bueno en la tierra para sus planes. No como el dinero que puede acabar corrompiéndonos.
Pedir dinero y felicidad es petición típica de inmadurez espiritual.
¿Cómo y qué; ha está pidiendo de un tiempo acá? ¿Por qué no se olvida de pedir dinero, cosas y prosperidad material y comienza a pedirle a Dios lo que Él está listo para darle en abundancia?
Tal vez hay un vestido de lino blanco y fino, etiquetado con su nombre, que ha colgado del ropero de Dios por mucho tiempo. Quizás hay un anillo a su medida y con su nombre y puede que también unas sandalias a su medida le están esperando. Quizás ha llegado la hora del becerro gordo de las bendiciones de Dios para usted, y habrá una gran fiesta en el cielo si usted se acerca hoy a Dios y simplemente no le dice: ¡Dame más dinero! Pero en cambio le dice: Señor: te amo y solo vine porque quiero estar cerca de ti.
Usted va descubrir que Dios ha sido siempre otro gran derrochador. Isaías 48:18-21 Malaquías 3:10 Hageo 2:18-23
Dios le bendiga. Pastor Verde
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por M. F. Verde. | Mar 2, 2011 | Cómo Ser Salvo, Discípulos Y Evangelismo
Sin Conocimiento, el Pueblo Perece: Los Tres Grandes Conocimientos que Todo Creyente Debe Tener
Aunque la Biblia sanciona adquirir conocimiento por el simple hecho de saber pero no hacer; también nos muestra en la primera sección de Oseas 4:6, que el conocimiento de Dios y su voluntad, son indispensables cuando de seguir y servir a Dios se trata.
La ignorancia no es buena, como tampoco lo es el conocimiento que soólo envanece. Cunado de defender nuestra fe se trata; no se puede dejar de lado el conocimiento, ¿Cómo podría defender lo que no sé?
Ninguna otra cosa puede resultar de ignorar a Dios y lo que dice, sino destrucción.
Todos deben poseer tres conocimientos indispensables:
- El Conocimiento de la Salvación
- El Conocimiento de la voluntad de Dios
- El Conocimiento de la Verdad
I EL CONOCIMIENTO DE LA SALVACIÓN LUC 1:77
Uno tendría razón si pasara el resto de la vida agradeciendo a Dios por haberlo alcanzado.
Aunque se ha predicado por más de dos mil años, no todos han llegado al conocimiento de la salvación; y por consecuencia no han sido salvados.
Este conocimiento es uno de nuestros grandes privilegios, especialmente porque oímos a Jesús decir: “El camino de la salvación es angosto y pocos caminan por él” Mateo 7:14 ¡Bendito Dios que nos concedió éste invaluable conocimiento y nos permitió comprenderlo!
II EL CONOCIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE DIOS Apocalipsis 1:19-22:21.
Medio mundo se pasa la vida buscando en la adivinación, el espiritismo, la suerte y toda clase de “ciencias” ocultas una respuesta a su pasado, su presente y su futuro, sin salir jamás de dudas o vivir de suposiciones.
A nosotros los creyentes Dios nos ha permitido conocer su voluntad para los últimos años de la vida en el planeta. Aunque cualquiera puede leerlo en su propio idioma, pocos pueden entenderlo y darle crédito.
No tenemos que ir de un lado a otro y de una mentira a otra en busca de respuestas para el futuro. Tampoco tenemos que checar cada mañana el zodiaco. Podemos vivir confiadamente sabiendo que “Él conoce a su ovejas” y “Nadie las arrebatará de su mano” en medio de los tiempos.
III EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD I Timoteo 2:4
Hay quienes nunca llegan a conocerla. 2 Ti 3:5-7
El mejor ejemplo de esto fue Pilato; quien tuvo a La Verdad en Persona frente a sus ojos y no pudo conocerla. Juan 18:37-38
Llegar al conocimiento de la verdad en medio de los engaños de este mundo es in imposible para la mayoría de la humanidad Juan 2:15-17
CONCLUSION:
Estos conocimientos nos privilegían, ¡Si! en gran manera, pero al mismo tiempo nos responsabilizan para hacer llegar a quienes los ignoran, para evitar que sean destruidos “Por Falta de conocimiento”. Oseas 4:6
Dios les bendiga. Pastor Verde.
#ConocimientoBíblico #Salvación #VoluntadDeDios #Verdad #FeCristiana
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por M. F. Verde. | Feb 25, 2011 | Discípulos Jovenes, Discípulos Y Evangelismo, Discípulos y Sociedad

–Si Dios existe ; tal vez maneje las cosas en el cielo, pero son los hombres quienes deciden lo que sucede en la tierra. -Dijo un comentarista por la televisión, basado en ciertas decisiones que algunos funcionarios habían tomado.
Es obvio que esta persona abordó irónicamente el tema o desde la oscura profundidad de su ignorancia haya sido ésta voluntaria o circunstancial.
Salvo que estuviera hablando de algún dios de esos que se quedan encerrados en sus templos cuando todas las personas se han marchado; y que requieren ser despolvados y retocados con pintura de vez en cuando; efectivamente; esos dioses no toman decisiones, ni en cielo ni en la tierra ni en el propio lugar donde se encuentran. Alguien los coloca ahí y ahí se quedan. No pueden moverse ni librarse de los ladrones que los profanan llevándose sus ropas o joyas o ya de plano su estatua completa.
Solo hay un Dios Viviente en todo el universo. Hay un solo Creador de todas las cosas. Las que están en el cielo y las que están en la tierra. La tierra misma y todo lo que en ella hay. Esto es verdadero para los que creen, pero también para los que no. No creer no los exculpa de ignorarlo o rechazarlo; ni dejarán de presentarse a juicio frente a Él.
Pero el comentario inicial mencionado arriba, es importante porque va más allá de un hecho aislado. En realidad es evidencia de una actitud generalizada de la humanidad: El Desprecio de Dios.
El intruso indeseado.

Ven a Dios como un intruso indeseado. Echarlo de la vida familiar y diaria. Echarlo de la escuela, del gobierno y de las decisiones pequeñas por pequeñas; y de las grandes por ser grandes. A Dios se le excluye hasta de las reuniones sociales. ¿O acaso nunca ha escuchado en una reunión social comentarios como: –De religión; mejor no hablemos para no echar a perder la reunión, aunque individualmente la mayoría en el grupo profese alguna religión?
¿No será esa frase una fórmula acuñada por alguien que quería evitar que las personas razonaran sobre temas relacionados con Dios? Si así fuera, parece que tuvo éxito porque es conocida de todos.
Lo cierto es que si excluimos o despreciamos a Dios lo único que nos queda es lo que dice en la imágen del autobus arriba… ¡Divirtámonos, comamos y bebamos. Vivamos la vida intensamente! Porque al rato podemos morirnos. Si somos longevos llegaremos a los ochenta y cinco en promedio y después la nada, mejor dicho; el infierno nos espera por siempre. Si no logramos ser famosos e importantes en esta vida, en solo cuatro o cinco generaciones nuestros propios descendientes sabrán nada de nosotros.
¿No debiéramos mejor agradecer que Dios no nos excluya a nosotros?
La Biblia dice que Cristo tiene todo poder en el cielo y en la tierra Mateo 28:18. Imagine que un día Dios decide excluirnos del poder que sustenta el orden de la mal llamada “Madre naturaleza”. Imagine nada más que no volviera a llover, o que la lluvia no parase. Que subiera la temperatura del planeta un poco más; que subiera el nivel del mar unos cuantos centímetros, o que nevara donde siempre ha habido calor; que hubiera calor donde siempre ha habido nieve. O que la tierra donde está parado comenzara a moverse.
¡Eso ya lo estamos experimentando! –Dirás. -Efectivamente; – respondo; pero el punto de mi comentario es: ¿Qué han podido hacer los “supermanes “que dicen que son los hombres y no Dios quienes toman las decisiones en la tierra cuando estás cosas suceden? ¡NADA! Aparte por supuesto de tratar de reparar los daños y hablar mucho de lo mismo las más de las veces.
Mucho de esto se está viviendo, pero aun no es nada. Falta experimentar noches sin día; Un sol que literalmente quemará, un mar convertido en sangre, desastres en que se diezma de treinta en treinta por ciento la humanidad. Quizás el lector atribuya La Gran Tribulación de la que habla el libro de Apocalipsis a “La Madre Naturaleza” Pero… ¿Quién creo la naturaleza, y quien le estableció leyes? ¿Se hizo sola? Este es uno de los temas no resueltos desde el principio de la humanidad hasta hoy. La dureza del corazón del hombre, no permite a la fe darle una respuesta clara y sencilla.
Cuando de despreciar a Dios se trata, ningún argumento es bueno. “No hay mejor sordo que el que no quiere oír”
Como reza el famoso dicho: “No hay mejor sordo que el que no quiere oír”. Esto seguirá siendo así en el futuro de la humanidad. En el libro Apocalipsis, se describe cómo reaccionarán las personas ante todos los pavorosos cataclismos que sin falta vendrán sobre la humanidad. Durante los terremotos más terribles cuales no habido y después de esos no volverá a haber, las gentes de entonces dirán a las montañas: “caigan sobre nosotros y ocúltennos de la ira del Dios Todopoderoso” (Hoy algunos todavía se acuerdan de Dios cuando hay desastres); pero aquellos, preferirán ser sepultados bajo montañas que arrepentirse de sus pecados. Sus antecesores ya están presentes hoy despreciando a Dios por medio de idolatrías, materialismo, sobrevaluación de las ciencias, estados laicos, educación laica etc.
El fin de todas las cosas
El ha establecido un tiempo preciso para terminar con sus ofensores y ponerlos bajo sus pies. Y así será. El “reloj” de Dios es exacto. Nunca tiene prisa, ni está preocupado porque su gloria nunca peligra. Es dueño de vidas y destinos terrenales y eternos y al mismo tiempo el más respetuoso del libre albedrío que Él mismo concedió a cada quien. ¿Acaso es mucho para nuestra capacidad de comprensión? –seguro que sí, pero no por eso es menos verdadero.
“En su mano están las llaves de la muerte y del infierno” lo crean los hombres o no. “Todo ojo lo verá. Mateo 24:30. Toda rodilla se doblará ante Él, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. Sea que estén en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra”. Filipenses 2:10-11
El amor de Dios sigue dispuesto hoy.
Independientemente del desprecio de los hombres hacia Él, incomprensiblemente Dios sigue dispuesto a perdonar, a salvar. Le invito a meditar un poco sobre…¿Cómo sería la vida si Dios nos rechazara?

Dios le bendiga…
Pastor Verde.