por M. F. Verde. | May 10, 2010 | Discípulo Y Carácter, Enseñando A La Iglesia
¿Frutos o Fruto del Espíritu Santo?
Por bastante tiempo he escuchado de parte de muchos creyentes referirse a “Los frutos del Espíritu Santo”. Se basan en Gálatas 5: 22 y 23, donde se dan nueve nombres a ¿nueve frutos? que el Espíritu Santo produce en los creyentes.
Creo que la foto del encabezado de este artículo proyecta la idea de que la sandía puede contener al mismo tiempo, los sabores de una manzana, de uvas verdes y rojas, de kiwi, de naranjas y peras, y también sus texturas, sus aromas, y los colores característicos de cada una. Se trata de un arreglo que alguien con mucha imaginación y creatividad hizo para proyectar una idea. Obviamente no es real. Nunca partiremos una sandía y brotarán de su interior todas las frutas que vemos en la imagen.
Pues bien; resulta que el apóstol Pablo dice en Gálatas 5:22 y 23: -“Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,? mansedumbre, templanza”.
Solo que él menciona “El Fruto” y no “los frutos” del Espíritu . ¿Cómo debemos entender esto entonces? Bueno: me parece que puede ser explicado de manera muy sencilla.
Pensemos en una sandía nuevamente, pero esta vez en su estado natural, para ilustrar esta preciosa enseñanza de la Palabra de Dios.
Una sandía, siendo un solo fruto, lleva en su género diversas características que la hacen reconocible de inmediato. Dentro de sí misma encierra una diversidad de particularidades. Es decir: una sandía es por lo general una fruta ovalada, grande y pesada. Tiene una cáscara algo dura aunque delgada de color verde que la recubre. Algunas veces esa cáscara presenta tenues rayas blancas hacia lo largo de toda la fruta, y cubre la parte blanda y casi insípida de color blanco que se encuentra en su interior. Esta pared blanca; a su vez, recubre la parte de color rojo tan deseada que es dulce, aromática y jugosa, a donde queremos llegar al cortar la fruta; pero donde se encuentran también las semillas que no nos permiten devorarla con mayor rapidez. ¡Ja, ja, ja!
¡Un solo fruto pero con muchas características! ¿Lo vio?
Del mismo modo el Espíritu Santo produce su fruto en nosotros. Ese Fruto es al mismo tiempo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y templanza (o dominio propio). Un solo fruto con varias características; varias características en un solo fruto.
Luego no son frutos sino: “El Fruto del Espíritu Santo”.
Si analizamos cada una de las nueve características del fruto nos daremos cuenta que conforman un carácter, proyectan una personalidad, y esa personalidad una persona.
El fruto del Espíritu Santo no es ni más, ni menos, que el precioso y dulce carácter de nuestro Señor Jesucristo implantado sobre nuestro propio carácter humano casi siempre agrio, amargo, de olor no grato y seco por las huellas de nuestros pecados. (Tal vez alguna vez conozca a algún cristiano con un carácter así).
Es el Espíritu Santo quien reproduce en nosotros a través de “Su Fruto” “ese mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús”; y que se demanda que haya en nosotros en Filipenses 2:5. El fruto del Espíritu Santo nos capacita para ejercer nuestros dones espirituales Efesios 4:11 y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores y maestros …por ejemplo y ministrar con eficacia y propiedad haciendo uso del carácter de Cristo, que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y dominio propio. Solo el carácter de Cristo contiene todos los atributos que menciona Gálatas 5:22 y 23 de modo perfecto. Es “el” carácter de Cristo y no “los caracteres de Cristo”.
Con el fruto del Espíritu, demostramos la presencia de Cristo en nuestro andar diario; en la forma en que realizamos nuestro ministerio y servicio, en el modo que tratamos a nuestro prójimo y nos conducimos en nuestros asuntos cada día.
¡EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO ES CRISTO EN NOSOTROS!
Dios nunca nos pide que seamos algo, o que hagamos algo, para lo cual no haya proveído el recurso. ¡Gloria a Dios! ¡Estamos completos en Él!
La obra del Dulce Espíritu de Dios, como siempre; nos sorprende. Y aun no acabamos de conocerle para darle toda la honra y la gloria que merece.
Publico esta nota para ilustrar con un ejemplo práctico lo que tampoco me fue fácil entender a mí. Es mi deseo que usted glorifique a Dios por el Fruto de su Santo Espíritu y refleje el carácter de Cristo en todo lo que hace.
Dios le colme de Él…Pastor Verde.
por M. F. Verde. | May 7, 2010 | Discipulos de mente abierta, Enseñando A La Iglesia
¿Qué es primero?
¿Arreglar vidas o predicar el Evangelio?
Existe una tendencia sutil que resta buenas oportunidades de presentar el Evangelio y hasta es motivo de que algunos que se acercan a la iglesia, buscando una opción para solucionar sus problemas, se retiren frustrados, porque lejos de ser ayudados; son heridos, y a pesar de que en la iglesia se predica la Palabra del Dios de amor, muchas veces no tienen la capacidad de discernir su verdadera necesidad y tampoco alcanzan escuchar el grito de auxilio de sus almas.
Estoy hablando de la tendencia de arreglar vidas antes que presentar el Evangelio.
Es decir; para los varones: no se vista de esa manera, no utilice ese tipo de camisetas, no hable de ese modo, córtese el pelo, rasúrese, no use ese peinado. Para las mujeres: no se pinte de ese modo, no utilice ese tipo de joyas, no se recorte el cabello, no venga a la iglesia vestida de ese modo. Ya no fume, no vuelva a tomar, no siga usando drogas, no baile, no vaya al cine, no vea televisión, no juegue a la lotería, cásense primero, y la lista puede crecer y crecer.
Es como si alguien hubiera mandado a la iglesia: “¡Vayan por todo el mundo y arreglen el mayor número de vidas que puedan” !-¡Pongan esas vidas en orden!
Si habláramos de cosas; es seguro que uno puede arreglarlas. Ponerlas en orden tomará muy poquito tiempo y trabajo, pero al fin se arreglan u ordenan. Las cosas no tienen sentimientos, ni voluntad, ni costumbres; entonces no pueden resistirse, incomodarse; ni tampoco pueden ser heridas u ofendidas.
Las personas son mucho más complicadas. Cuando alguien trata de intervenir en su estilo de vida para señalar sus errores, se defienden, argumentan, se resisten y finalmente muestran sus preferencias haciendo uso del derecho que les asiste de vivir como les place. Aunque en lo profundo de su alma deseen salir del enredo en que se encuentran, normalmente no están dispuestos a aceptar que de entrada se les señale lo que están haciendo mal, lo que tienen que corregir o lo que tienen que hacer.
En casos así, hay que decidir si se comienza por intentar arreglar su vida (lo cual demandará señalar sus malas costumbres y decirles cómo deben ser y actuar); o primero se les presenta el Evangelio de gracia para que sus pecados sean perdonados y vengan a ser salvos.
Nunca debemos olvidar que la verdadera necesidad de las personas es espiritual y no se soluciona con un simple arreglo de su forma de vida. Ellos requieren la regeneración. Esto significa nuevo nacimiento; ser hechos de nuevo; y eso sólo Dios lo puede hacer. ¡Dios no repara, Dios crea una nueva criatura! Según 2 Co 5:17. Dios no reacomoda, ni parcha, ni remienda, Él hace de nuevo a la persona por dentro.
Arreglar una vida es como poner un parche, hacer un remiendo; disimular la falta, improvisar una solución. El mal estará ahí pero encubierto. Eso es precisamente lo que Jesús no hizo con la clase farisea que no era mejor que cualquier Barrabás de su época ni de la nuestra. Realmente el pecado de aparentar piedad no es menos grave para Dios que el de demostrar con uso de flagrancia que uno es mentiroso, drogadicto, borracho, adultero, o ladrón. Jesús dijo: – “El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos”. Rehusando así, cualquier intento de reparar sus vidas. Eso sí; siempre estuvo listo hasta altas horas de la noche para recibir a cualquier fariseo como Nicodemo que viniera abriendo su corazón a la Palabra de Dios, para predicarle el Evangelio de Gracia. Lo que realmente necesitan las personas es nacer de nuevo -le dijo Jesús a Nicodemo-. De nuevo no intentó arreglar su vida sino que naciera de nuevo. Si la persona escucha primeramente el Evangelio y cree en el Hijo de Dios, será salvo: Posteriormente el ministerio del Espíritu santo, la asimilación de la Palabra de Dios, el trabajo pastoral cuidadoso, y el discipulado amoroso de algún hermano o hermana según sea el caso, darán como resultado un estilo de vida diferente y opuesto al del momento del encuentro con Jesucristo. Solo que esto puede tomar varios años y demanda mucho amor, paciencia, y constancia del creyente y de la iglesia para llevarlo a la madurez de carácter.
Arreglar vidas; es decir: que adquieran una conducta aceptable para que después acepten a Cristo, puede producir muchos más “Iscariotes” de los que uno puede imaginarse. Todo mal estilo de vida procede del interior del hombre. Barnizar una vida con una nueva conducta no soluciona nada; al contrario, la empeora.
Es innegable que los que necesitan a Cristo necesitan también algún arreglo en su estilo de vida; no es raro, simplemente porque vienen del mundo; solo digo que en vez de empezar por arreglar sus vidas; primero presentemos el Evangelio. Por si tal vez quiera Dios hacerlos de nuevo.
Dios le bendiga…Pastor Verde
por M. F. Verde. | Abr 21, 2010 | Enseñando A La Iglesia
Del 1 al 10…
¿Qué calificación asigna a la calidad de la enseñanza en su iglesia?
¿Qué lugar ocupa la enseñanza en su congregación ¿1º, 2º, 3º ?
¿Qué estamos haciendo para enseñar de modo que los discípulos aprendan?
¿Cuanto esfuerzo y dinero invertimos en esto?
Reflexionemos…
Independientemente de la disposición de recursos humanos y económicos de que la iglesia pueda echar mano; e independientemente de las instalaciones y equipo con que cuente, siempre será posible elevar la calidad de la enseñanza de la Palabra de Dios.
Quizás dependa más de qué lugar ocupa la enseñanza en la mente y el corazón del liderazgo de una iglesia. Mientras más concientes estemos de que enseñar la Palabra es una de las bases que justifican la existencia de la iglesia, más empeño pondremos en alcanzar un nivel cada más elevado de la calidad y objetividad de la misma.
Una enseñanza objetiva y de cierto nivel de calidad, producirá aprendizaje y transformación de la vida de los que están siendo instruidos. Una enseñanza sin objetivos, llenará el tiempo asignado a la clase, dará la impresión de que se hace lo que se debe o se puede, pero sin la transformación que se espera de quienes aprenden del libro del Dios Vivo.
Para el Señor Jesucristo la predicación del Evangelio y la enseñanza de la voluntad de Dios a sus discípulos, constituyeron el centro de sus objetivos ministriales. Realmente todo lo que hizo y dijo fue desde y hacia la evangelización y la enseñanza de su bendita Palabra.
Para poder determinar con mayor exactitud algunas de las condicioens medibles que determinan el nivel de la enseñanza en una iglesia, he aquí un pequeño cuestionario que podría ayudar a aplicar conciencia sobre el tema. CUESTIONARIO en PDF (para bajar e imprimir). Se usan los colores de un semáforo para dar a entender si su iglesia está detenida, en espera o en marcha. Imprímalo y señale con una «X» las condiciones actuales de la enseñanza en su iglesia. (más…)
por M. F. Verde. | Oct 30, 2009 | Discipulos de mente abierta, Enseñando A La Iglesia

SENCILLO.
Los tiempos modernos incitan a veces elaborar proyectos que resultan ser un verdadero desafío a las capacidades de creatividad y liderazgo; un quebradero de cabeza para los pastores y líderes de servicio cristianos.
¡HAY QUE TENER UNA VISIÓN GRANDE PORQUE TENEMOS UN DIOS GRANDE!
He escuchado, y leído esto cientos de veces. También he oído y leido hasta memorizar:
-PARA HACER GRANDES COSAS HAY QUE PENSAR EN GRANDE.
Y ahí caemos muchos; estas filosofías nos atrapan. Hacemos un gran esfuerzo; nos rompemos la cabeza y proyectamos obras grandiosas que demandarán a veces millones de dólares para realizarse. Comprar grandes propiedades, construir grandes y funcionales edificios, para la instalación de grandes y modernas oficinas, comprar unidades móviles adecuadas y equipos de comunicación y cómputo sofisticados, y seguramente también, la contratación de una decena de colaboradores calificados para la misión que emprendemos. Lo malo es que casi siempre se parte del más redondo y grande… cero.
En una escala más típica, más común; la mayoría de los líderes tiene la “visión” que si consiguen un gran templo terminado, la obra de “hacer iglesia” se facilitará. (Quienes nos congregamos en un templo propiedad de la iglesia podremos afirmar o aclarar tal supuesto).
Permítame compartirle algunas ideas.
Indudablemente que como iglesia, no podemos aislarnos de las situaciones y necesidades que experimenta la sociedad que vive alrededor nuestro. Ellos son el objeto del amor de Cristo y nosotros debemos amar lo que Él ama. La iglesia debe estar atenta, consciente y atender en la medida de sus posibilidades, las necesidades reales de la sociedad en la que está ubicada. Escuelas, hospitales, orfanatorios, comedores, refugios, campamentos hogares para huérfanos y ancianos son solo algunos ejemplos de lo que puede estarse necesitando ahí afuera de nuestra congregación. Pero la atención de estas necesidades exige grandísimos esfuerzos en todos los sentidos. Aunque importantes y necesarios tales emprendimientos; no debemos hacernos perder de vista que son solo accesorios que la iglesia implementa para demostrar el amor de Cristo a su comunidad, Participar en la provisión para estas necesidades con la finalidad de facilitar el acceso a la satisfacción de la verdadera y más grande y urgente necesidad del ser humano que es la salvación de su alma, lo cual demanda una de las dos funciones medulares de una iglesia: Predicarles el Evangelio.
Involucrar a la iglesia en proyectos colaterales a esta encomienda del Señor, debe ser resultado de la absoluta certeza de que Dios le ha designado para una empresa de este tipo; una clara visión de la problemática a resolver; de alguna necesidad qué cubrir. Demandan establecer una visión clarade la misión a realizar y las estrategias adecuadas para conseguir las metas deseadas. Muy importante será establecer también el mecanismo para aprovisionarse de los fondos monetarios que demandará el proyecto sin duda alguna.
Si los proyectos no están inclinados a resolver problemas específicos, ni a satisfacer alguna necesidad específica de la iglesia o de la gente que forma la sociedad que rodea a la iglesia con miras a su evangelización; entonces hay que revisar su verdadera motivación antes de dar un paso más. Ya que como cualquier empresa humana, puede funcionar o no. Si funciona será un gran motor para la iglesia; si fracasa no solo representará un retroceso, sino que se llevará entre los aparejos el testimonio, el ánimo, y posiblemente la unidad de la congregación.
SENCILLAMENTE
Para hacer Iglesia local en cambio, solo es necesario asegurarnos que las acciones a tomar queden dentro de la visión preestablecida en Nuevo Testamento.
Para ser sincero; creo que si de hacer iglesia se trata (Puedo equivocarme, y ruego me dispense si lo hago) según lo veo; realmente no requiero tener una visión literalmente propia.
Permítame recalcar que estoy hablando de “hacer iglesia” local.
En su libro Mi Experiencia Con Dios Henry T. Blackaby dice algo que impactó mi manera de pensar en cuanto a visión: El dice: – Vea donde está trabajando Dios y métase ahí. ¡Uy! Esto era totalmente opuesto al modo en que estaba haciendo las cosas hasta entonces, lo que hacía normalmente era: Dios, aquí está lo que he planeado; lo único que necesito ahora es que lo bendigas es decir: solo me falta que tú te involucres en esto (ja, ja, ja, ). ¿Parece ridículo? Bueno; esta era la forma en que había hecho muchas cosas en mi ministerio. Pero como resultado del conocimiento del enfoque de Blackaby, ahora creo que si alguna visión requiero es esta: la capacidad de ver donde está obrando Dios. Pero aun mejor: la capacidad de estar atento a cada situación en la que me veo involucrado para sacar el mayor provecho para Dios. (Porque Dios está ahora mismo obrando en todas partes y lo único que falta es que yo abra los ojos) Para esto Blackaby cita ejemplos bíblicos de liderazgos claves como el de Noé, Abraham, Moisés, etc. Donde ninguno comenzó nada por su propia visión y cuenta. Siguieron instrucciones que Dios les daba de acuerdo a Su visión y su propósito; conforme al ritmo de su voluntad. Ninguno estaba creando proyectos para poner a funcionar cuando Dios decidió involucrarlos. Vino a ellos y les dijo te quiero para esto y punto. La duración, vigencia, desarrollo y logros de sus ministerios fue de acuerdo a la visión del plan de Dios y no por la visión, el esfuerzo o la prisa que cada uno pudo imprimir a su servicio. Cuando Dios quiere ponerle velocidad a su proyecto capacita misteriosamente al varón o varones que usará para causar la “explosión” que planeó. Tal es el caso de Juan El Bautista, los primeros apóstoles o Pablo que fue el último de ellos, por ejemplo.
Hasta donde el Señor dejó las cosas en el libro de Hechos capítulo 28, lo único que tenemos que hacer es sumarnos a lo que él estaba haciendo (y es que la obra de Dios es desde la eternidad, hasta la eternidad según Efesios 1). No hay nada nuevo bajo el sol, y eso; literalmente.
Sin duda el proyecto divino para hoy se llama Iglesia, la cual debe ser edificada ladrillo por ladrillo, paso a paso, día a día y nosotros somos los comisionados para esa labor. Cualquier otro enfoque puede resultar original, rimbombante, brillante, ambicioso, llamativo, estratégico, inteligente y mucho más, pero Dios persiste desde hace dos mil años (tiempo de hombre) en sacar adelante un solo proyecto: “¡Edificar La Iglesia!”
Creo firmemente con relación a la tan citada «Gran Visión» en los tratados modernos de liderazgo cristiano, que “para hacer iglesia”, necesitamos asegurarnos, hoy más que nunca, que “nuestra visión” se ajusta al proyecto establecido por Dios. Que está fundada en la visión de Él, y no en la nuestra; si es que ha de prevalecer y llevar frutos al cielo.
La iglesia no puede fracasar porque es efecto de la visión y del esfuerzo de Dios y no nuestro. Por tanto es seguro involucrarse en su edificación. ¡LA IGLESIA COMO TAL NO FRACASARÁ NUNCA!
PERO TENER CLARO LO QUE ES LA VISIÓN DE “HACER IGLESIA” Y LO QUE ES LA VISIÓN DE “INVOLUCRAR A LA IGLESIA EN OTROS PROYECTOS” ES SUMAMENTE IMPORTANTE.
En ese sentido, tengo que reconocer que yo no he sido llamado a inventar nada. Fui escogido por Él para seguirlo a Él, para andar como Él anduvo, para vivir como él vivió, para ser como él es, para amar lo que Él ama, para servir como él sirvió. En el tengo mi ejemplo. (Aunque me está costando muchísimo lograrlo)
En serio creo y afirmo que (yo) no fui llamado a crear nada. Todo está dicho en el Nuevo Testamento. Lo que haga dentro del ministerio debe tener forma de iglesia y ser como debe ser la iglesia. El resultado es para la iglesia, y la iglesia es de Cristo. Yo pertenezco a Él y lo que hago debe ser como él lo estableció. La iglesia debe ser una asamblea en la que se adora a Dios en espíritu y en verdad. Debe fomentar la maduración del carácter de cada persona que forme parte de ella; algunas veces con puro gozo y otras también con lágrimas. Aun este sitio web persigue el objetivo de mantenerse dentro de la línea de la visión de Él en cuanto a la iglesia y todo lo que escribo y comparto es desde la iglesia; y para la iglesia, y me da pánico que así no fuera.
La iglesia tal como fue establecida, es la columna y el baluarte que sostiene la verdad en este mundo, da a conocer el plan de salvación en todas direcciones y es la encargada de presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús Según colosenses 1:23 ¿Es poco este proyecto para intentar abrazar otros? A mí me parece que mi vida toda, es nada que aportar para desarrollar un proyecto como este; rebasa mi capacidad y vigencia, soy intrascendente, y sin embargo así es; porque es parte del proyecto divino. (Hasta hoy no conozco a un líder cristiano de doscientos años ji, ji, ji,-perdón por la nota chusca)
HACERLO SENCILLO ES:
Mantener claro en la mente, que “hacer iglesia” no obliga a abrazar grandísimos proyectos si Dios no nos ha capacitado y específicamente llamado para ello. Sí, en cambio; todos hemos sido llamados para “hacer iglesia”; lo cual no demanda ni visión propia, ni grandes proyectos,. Dios no exige esta clase de esfuerzos, ni nunca pedirá lo que no podemos hacer por que Él no nos dotó de lo necesario.
HACER IGLESIA ES ALGO SENCILLO QUE TODOS PODEMOS Y DEBEMOS HACER. Mire si no es así.
Hacer iglesia requiere Evangelismo, y discipulado. Y ambos demandan la Palabra de Dios, el ministerio del Espíritu Santo y un cristiano obediente, sencillo como paloma y prudente (maduro; o poco menos) como serpiente. Mateo 10:16
La Palabra ya estaba en el mundo antes que yo naciera, El Espíritu Santo se movía sobre la faz de la tierra antes que Dios creara al hombre; es eterno, lo único que me toca a mí, es ser un cristiano a la medida, y enseñar a otros las mismas cosas que en mí son verdad. ¿Difícil?
¡No hombre!
HAGÁMOSLO SENCILLO
A menos que sepa con certeza que Dios le dotó de alguna capacidad para realizar algún proyecto y esté seguro que le designó para hacerlo, hágalo sencillo. Quítese de encima cargas innecesarias que pueden abrumarle, y consumir su vida; su energía física, emocional y espiritual; planeando diez mil cosas hasta el estrés y sufriendo porque no las alcanza.
Ajústese al manual de instrucciones. Cuando hagamos Iglesia; todo está dicho.
Tome su biblia y háblele al primero que encuentre, sobre la muerte de Cristo en la cruz, dígale que al tercer día resucitó de los muertos, que lo hizo para pagar el precio de sus pecados y que si cree en Él no será condenado, mas tiene vida eterna.
Si cree y acepta a Cristo como su Salvador, comience a enseñarle a vivir considerándolo su Señor cada día. ¡HÁGALO AHORA MISMO!
Eso es todo; Ha comenzado a hacer iglesia; Con la visión de Cristo:
¡Hágalo Sencillo!
Dios Te bendiga.
Pastor Verde.
por M. F. Verde. | Oct 16, 2009 | Discípulo Y Carácter, Enseñando A La Iglesia
PALABRAS TRINCHERA
Palabras que encubren.
Checando el diccionario resulta que Trinchera significa: Zanja que permite disparar a cubierto del enemigo y que constituye una posición defensiva.
Desde una trinchera era más fácil disparar con cierto grado de protección al no exponer el cuerpo al descubierto, lo que aumentaba las posibilidades de ser herido por el fuego enemigo.
Aplicado esto al modo de hablar, queremos decir; cierto tipo de expresiones que nos permiten lanzar recomendaciones, amonestaciones y hasta reprensiones de manera encubierta.
En el cristianismo, es fácil disparar una carga verbal sobre lo que debemos ser o debemos hacer, pero manteniéndonos ocultos en la trinchera de las palabras que expresan la idea de grupo.
Recuerde que una trinchera es una posición defensiva; no hay avance si se mantiene uno dentro de ella. En una batalla era indispensable dejar las trincheras para ganar terreno y ocupar nuevas posiciones hacia el frente, no sin correr el riesgo de ser herido en el intento, y de eso se trata este artículo. NORMALMENTE EVITAMOS EXPONERNOS DIRECTAMENTE ; ESPECIALMENTE SI TEMEMOS QUE NO PUEDEN VER APLICADAS A NUESTRA VIDA LAS ACCIONES O RECOMENDACIONES QUE HACEMOS. Es por eso que mejor exhortamos ocultándonos en la trinchera de la primera persona del plural “Nosotros”.
¿Ha notado que cuando hablamos de responsabilidades, deberes y culpas tendemos a utilizar palabras que expresan pluralidad; pero cuando hablamos de logros, elogios, conocimientos, sabiduría o espiritualidad alcanzada tendemos a hablar en primera persona, es decir: “Yo” o “Mi…”?
Dicho de otro modo: si se trata de culpas, responsabilidades, y deberes; la palabra es “Nosotros”. Si se trata de logros, conocimientos, o sabiduría alcanzada la palabra es “Yo”
En todos los párrafos de arriba, he estado utilizando “Palabras Trinchera” y si no fuera porque las he subrayado quizás no las hubiera notado; resulta bien fácil pasarlas por alto ¿No? Por favor; lea de nuevo y observe:
Las palabras trinchera en todos estos párrafos fueron: “El cristianismo y Nosotros.”
Es decir: todo lo que dije, lo dije ocultándome dentro de la trinchera de las palabras: “El cristianismo y nosotros”. No salí al frente y dije: “¡Yo, como cristiano, digo que…!” ¿Me voy explicando?
La mayoría de los libros cristianos están escritos de ese modo, usando la trinchera del plural y aunque literariamente no es incorrecto, en el plano de la espiritualidad, de la integridad, de la verdad, a veces resultan ser trincheras que se nos ofrecen para reforzar la tendencia con la que nos protegemos para no ser el blanco de la dura aceptación de la verdad y de la aceptación de la culpa en nuestras propias faltas cometidas.
¿Lo vió? De nuevo ¡Estoy usando la misma fórmula ahora mismo! El párrafo en negrita de arriba dice: – a veces resultan ser trincheras que se nos ofrecen para reforzar la tendencia con la que nos protegemos para no ser el blanco de la dura aceptación de la verdad y de aceptación de la culpa en nuestras propias faltas cometidas.
Ese mismo párrafo pude escribirlo así: “A veces resultan ser trincheras que se me ofrecen para reforzar esta tendencia con la que me protejo para no ser el blanco de la dura aceptación de la verdad y de la culpa que tengo en mis propias faltas cometidas.
¿Notó la diferencia?
¿Notó como en la primera forma, la palabra “Nosotros” resulta ser una trinchera? Ese estilo literario tras el cual el autor se atrincheró al escribir, ha reforzado mi tendencia natural a esconderme tras el grupo, tras el género, tras todos, el grupo, la banda, el equipo, la iglesia, nosotros, el cristianismo entero.
Origen de las palabras “Trinchera”
Quizás no sea otra cosa que el viejo mecanismo del pecado que mueve a evadir la responsabilidad que se tiene y transferirla a otra persona. De ser así; se estableció cuando Eva y Adán pecaron en el huerto de Edén. Después de comer del fruto prohibido fueron confrontados por Dios y Adán respondió…”La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y yo comí” Génesis 3:12
Realmente fue un intento de decir: “Yo no tengo la culpa, “Ella es la culpable” “tú mismo me la diste por compañera” entonces: “Somos culpables” (Trinchera: “Somos”)
En el verso 13 La mujer dijo:”la serpiente me engañó, y comí” Eso implicaba: -Luego no soy la única culpable; la serpiente causó todo. (Si no hubiera estado aquí… ¿Quién la habrá puesto?) Entonces no soy la única culpable. En esto “Todos somos culpables”. Todos; es la palabra trinchera aquí.
La única que no dijo nada fue la serpiente. Nada cambiaría su situación. El diablo que la usó estaba condenado al infierno desde entonces y ahí estará al final. No hay nada que pueda hacer. En realidad no es que aceptara su culpa, sino que estaba demasiado contento con haber dado su golpe maestro. Había afectado la creación de Dios. Ahora intentaría poner en evidencia qué tan bueno y amoroso era Dios realmente. Hasta dónde estaría dispuesto a sobrellevar esta ofensa del hombre sobre sí. (Todos sabemos que esto acabó en la cruz cuando Él mismo, en persona de su Hijo, se dispuso a morir por los pecados de la humanidad entera y lo hizo)
¿Qué es mejor para mí?
En la medida en que aplique personalmente las Escrituras a “Mi vida, mi mente, mis pecados, mis acciones, y no a “Nosotros o a todos”, mi carácter madurará. Avanzaré en la medida en que me haga responsable de mis propias acciones; sean estas positivas o negativas.
Vea como me oculto en las palabras trinchera, diciendo exactamente lo mismo que arriba, pero en plural en el siguiente párrafo:
-En la medida en que apliquemos personalmente las Escrituras a “Nuestra vida, nuestra mente, nuestros pecados, nuestras acciones, nuestro carácter madurará. Avanzaremos en la medida en que nos hagamos responsables de nuestras propias acciones; sean estas positivas o negativas.
Muy probablemente usted se sienta más cómodo con esta segunda forma de escribir, pero salvo su mejor opinión, a mí me parece que este estilo de escritura me lleva inconscientemente a pensar –Lo haré cuando “Todos” lo hagan; ¡Lo cual no sucederá nunca!
Cuando escribo, predico, enseño o simplemente platico, sin darme cuenta uso sistemáticamente “Palabras Trinchera”: Nosotros, todos, debiéramos, hagamos, vengamos, traigamos, diezmemos, ofrendemos, sirvamos etc. Etc. Afectando mi enseñanza al hablar de un modo que nunca moverá a la acción de quienes me escuchan.
En vez de expresarme de ese modo debiera decir: “Yo, debiera, haré, vendré, traigo, yo diezmo, yo ofrendo, yo sirvo, etc. Usar palabras que representen grupo no está mal pero tienden a fundirme entre los demás y a los demás conmigo en el concepto de la pluralidad; concediéndonos a todos el triste privilegio de ocultarnos entre una multitud imaginaria; favoreciendo que ninguno se responsabilice de sí mismo y de sus actos o palabras; lo cual para nada ayuda el desarrollo, y maduración como individuos.
ACCIONES A TOMAR
He decidido filtrar, traducir, y aplicar a “mí”, toda predicación, estudios, escritos y cualquier otra información que llegue a mí ofreciendo “Palabras trinchera”.
También he decidido enseñar, escribir, y expresarme más en primera persona del sigular; es decir a mi, yo, mi, hasta que sea natural en mí hablar de mis responsabilidades y deberes así como de mis errores y omisiones.
Seguramente estas decisiones serán sólidas bases para mi desarrollo y transformación.
Si verdaderamente deseo ser un buen LIDER DE SERVICIO, útil y al servicio del Señor; debo decidirme a dejar de usar…
Palabras Trinchera.
Palabras que me encubran
Pastor Verde.