¿Cómo Estudiar Mi Biblia?

¿Cómo Estudiar Mi Biblia?

 

¿Cuál es el Método PERFECTO para Estudiar las Escrituras?

¡Todos dicen que hay que estudiarla pero no me dicen cómo hacerlo!

Juan 5:39
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;

¿Se requiere un método?

¡Encuentra la respuesta a tus preguntas en la siguiente video!

 

Discípulos 50/50

Discípulos 50/50

Discipulado 50/50: Más que Enseñanza, una Relación Viva

Cuando se habla de discipulado, muchos piensan rápidamente en unas cuantas lecciones básicas que se dan al inicio de la vida cristiana, con el objetivo de llevar al nuevo creyente al bautismo. Sin embargo, una vez que se bautiza, solemos dejarlo a su suerte, esperando que asista fielmente al culto el resto de su vida. Si lo hace, asumimos que está bien y creciendo; si no, lo clasificamos como «amante del mundo». ¿Te das cuenta? ¡Le llamamos discipulado a unas cuantas lecciones!

Es cierto que algunos se apartan de la voluntad de Dios, pero la pregunta es: ¿Ocurre porque nunca fueron realmente discipulados?

El modelo de Jesús: discipulado en acción

Jesús dedicó tres años de su vida a formar discípulos. Pero su discipulado no terminó con su ascensión; el Espíritu Santo lo continuó desde Pentecostés. Aún después, cuando Pedro tuvo la visión del lienzo con animales inmundos (Hechos 10), seguía siendo discipulado.

Discipulado es 50% enseñanza y 50% relación

El discipulado efectivo es mitad enseñanza bíblica y ética, y mitad relación interpersonal genuina, intencional y afectuosa.

Cuando compartes el evangelio y alguien acepta al Señor, prepárate para invertir, al menos, tres años de tu vida en esa persona. Jesús pasó ese tiempo con sus discípulos, viviendo con ellos. Nosotros no podemos estar 24/7 con los nuevos creyentes, pero el tiempo y la dedicación siguen siendo clave para formar verdaderos seguidores de Cristo.

El proceso de discipulado: enseñanza y acompañamiento

Necesitarás un material doctrinal bíblico que conozcas bien. Empieza con lo básico, guíalos al bautismo, y luego fortalece su fe con enseñanzas sólidas. Pero recuerda: el discipulado no termina con el bautismo.

Nuestro curso gratuito incluye 35 temas. Trece antes del bautismo y veintidós después. Este proceso puede llevar más de un año, ya que algunas lecciones tendrán que esperar si surge una necesidad personal que requiera atención inmediata. La relación siempre tiene prioridad. Incluso Jesús sanó a la suegra de Pedro antes de enseñar. ¡Eso es discipulado!

La prueba final: amor sincero

Cuando llegó el momento del «examen» de Pedro, Jesús no le preguntó cuánto sabía, sino: «Pedro, ¿me amas más que estos?» La verdadera prueba del discipulado es el amor: hacia el Señor y hacia quien te formó.

Si alguien no puede amar a su mentor espiritual, ¿cómo podrá amar a Dios a quien no ha visto, o a otros que nunca invirtieron en su vida?

Aplica el discipulado 50/50 y transforma vidas

Comienza hoy a practicar un discipulado equilibrado: 50% lección, 50% relación. Verás frutos duraderos y gozarás del privilegio de formar verdaderos seguidores de Cristo.

Dios te bendiga.

Pastor Verde

 

Condiciones para hacer discípulos

Condiciones para hacer discípulos

En el ministerio de hacer discípulos intervienen dos elementos humanos y obviamente Dios mismo.

Jesús dijo en Juan 17:6, 9 y 12…

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. V.6
Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, V.9
Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. V.12.

No hay que dar muchas vueltas para darnos cuenta que el Señor Jesús atribuye al Padre el haber contactado a algunos para hacerlos sus discípulos.

Es Dios quien nos concede el honor y privilegio de trabajar no solo «con», pero “en” las personas que Él tiene a bien poner a nuestro cuidado y ministerio discipular. Claro; esto no implica que debo estar inmóvil esperando que alguien venga a mi casa un día rompiendo la puerta, y me suplique con ojos desorbitados que le enseñe la Palabra;  ja, ja, -probablemente nunca ocurra- sino que tengo que pedir a Dios que me conceda la oportunidad de ejercer lo que de gracia me ha dado:  –el modo de hacer discípulos– a algunas personas que Él ponga a mi alcance; en mi andar diario en su presencia. Pidiéndoselo con toda clase de ruegos. Porque Él es quien los ha ganado con su propia sangre, y suyos son.

Una vez entendido lo anterior pasamos a los dos elementos humanos que intervienen. Uno es el discípulo maestro, el otro es el nuevo discípulo, el que aprende del primero.

El Discípulo maestro

Hay un orden en el proceso de hacer discípulos y es el siguiente: El discipulado comienza con el discípulo que enseña, no con el que aprende. Es él quien tiene que asegurarse que su relación con Dios sea buena, que sus motivos para enseñar sean espirituales y que sus objetivos sean honrar a su Dios, Señor y Salvador. Si invertimos este orden y pensamos que el discipulado iniciará cuando surja alguien para ser entrenado, entraremos “fuera de tiempo”. El discípulo maestro tiene que prepararse y sostenerse en buena comunión con Dios, antes que tenga siquiera una idea de quien es el primer discípulo que Dios va a poner en su camino para entrenar. (Quien haya crecido en una iglesia de discipulados, sabe esto muy bien; pero si no; es indispensable mencionarlo)

El Nuevo Discípulo

Esta persona tiene que haber sido “movida”, “tocada” o “llamada” por Dios a su servicio. Es verdad; muchos son llamados, pero solo llegan a ser discípulos maestros o líderes de servicio quienes responden de inmediato con un sí rotundo, y sin pretextos al llamado de Dios.

Mira: para atraer gente hacia el Evangelio, normalmente las iglesias estamos dispuestas a hacer muchas cosas a veces chistosas: Nos disfrazamos de payasos, de bomberos, hacemos teatro, show de títeres y mucho más. Eso está muy bien, y pienso que todavía se puede hacer más si es necesario; siempre y cuando se haga para que los de afuera de la iglesia tengan oportunidad de escuchar el Evangelio y ofrecerles la salvación. -Personalmente, no me anima mucho hacerla de payaso para divertir y retener a los que ya están dentro de la iglesia-.

Cuando de discipular se trata es completamente diferente. No es cosa  de andar persiguiendo a alguien insistiéndole que nos de la oportunidad de enseñarle. De rogarle todo el tiempo, pasando por alto que no nos reciba, que nos deje esperando en la puerta, que no llegue a la cita, o que tratemos de engatusarle con comidas o regalitos. No, definitivamente no. Tampoco presionándole de algún modo; no, mil veces no. Cuando de hacer discípulos se trata, tiene que haber un interés genuino en la persona. Debe desear ser discipulada. Debe anhelar aprender, servir a su Señor, conocerlo más y decirles a otros su maravillosa experiencia de haber sido encontrado y salvado por Él.

En Juan capítulo 1 del verso 35 en adelante encontramos:

35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.

38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí
(que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?

39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque
era como la hora décima.

40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían
seguido a Jesús.

41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es,
el Cristo).

42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado
Cefas (que quiere decir, Pedro).

Analizando lo anterior, vemos que a Juan el bautista le bastó señalarles quien era el Cordero de Dios y ellos de inmediato lo siguieron. No encontramos nunca al Señor rogándole a alguien que lo siga. Casi puedo asegurar que si quien intentamos discipular, no muestra un vivo interés en invertirse sirviendo al Señor, es mejor que el discípulo maestro  invierta su tiempo en otro aspecto del ministerio en tanto sale uno que ponga el corazón en esto.

Hacer discípulos es asunto serio, trascendente. No se puede realizar… 1) Si Dios no nos los concede, 2) Si nosotros no estamos preparados (aunque no se requiere pasar años aprendiendo para comenzar a testificar) o 3) Si el nuevo no se interesa y compromete. ¡Comienza Ya!

Pastor Verde.