Ayúdame ¡Oh! Cristo.

Ayúdame ¡Oh! Cristo.

«Separados de mi; nada podreis hacer»; cuando Jesús dijo esto, se refirió obviamente a nada en su obra. Para hacer iglesia; para acrecentar el Reino, para llevar fruto a sus pies. Si Él no va con nosotros, por mucho que hagamos y nos esforcemos no resultará. Permíteme compartir contigo … ¡Ayúdame ¡Oh! Cristo.

Ayúdame ¡Oh! Cristo.

       Ayúdame a empezar con lo que tengo

       Ayúdame a empezar con lo que soy

       Ayúdame a empezar con lo que puedo;

       Ayúdame a empezar… ¡Hoy!

 

       Ayúdame a esforzarme cada día

       Ayúdame a entregarme a la labor

       Ayúdame a ejercer todo talento,

       Toda gracia, cada don.

      

       Motívame a buscarte a cada instante,

       Enséñame a confiarme a tu poder

       Ayúdame a entregarte de mañana

       Mis recursos, mi visión, mi ser

 

       Ayúdame a formar un gran equipo

       De hombres y mujeres que se den,

       De jóvenes y niños que en tu gracia

       Produzcan frutos; de uno, ¡Cien!

 

       Del mundo brillarán aparadores,

       El diablo hermoseará su tentación,

       Aún mi carne exigirá auto-complaciente;

       Ayúdame ¡Oh! Cristo a cumplir la comisión

¿Qué eres? ¿Qué tienes? ¿Qué puedes?

Para la obra de Dios, lo mucho que seamos, tengamos o podamos;  resulta ser como los pececillos que tenía aquel chico en medio de una multitud con hambre: ¡Nada! Pero  «nada» puesta en las manos del Señor; es otra cosa.

Dios le bendiga

Pastor Verde

25 de Octubre de 2002

En Carrillo Puerto 5 P.M.

Esperanzas Sin Futuro

Esperanzas Sin Futuro

Tanto la antigua historia como la contemporánea, confirman que en todas las épocas; todas las culturas, todas las latitudes del planeta, han existido personas enfermas de poder; ansiosas por ejercer control sobre otros.

Manipular vidas y personas al precio que sea. Lograr sus deshonestos planes y sacar provecho material de ello; es su negocio.

¿Qué pensamientos alimentan estas actitudes y conductas? ¿Qué esperan lograr con esto?

La Biblia dice en contexto, que el supuesto que alimenta esa actitud es que permanecerán por siempre en control y conservarán para siempre la riqueza que día a día han sumado a su botín.

Comenzando con Caín, y pasando por Nimrod en la antigua Babel; pasando por el faraón en el antiguo Egipto; reyes y gobernantes de toda clase. Amán, Manasés, Herodes, (toda una dinastía). Terribles mujeres como Jezabel o su «hijita» Atalía; Acab, Antíoco Epífanes y cientos más de ellos; son parte de una larga lista de nombres de tiranos y malosos que en su momento fueron el terror de multitudes y que la biblia registra. Ejercieron su poder  y dejaron sentir el peso del impacto de su puño sobre multitudes indefensas que tuvieron que soportar su sadismo e  impiedad.

A muchos de ellos, la psicología les llamaría psicópatas hoy. La Biblia los define como impíos. (Que no tienen o sienten compasión y piedad, ni temor de Dios).

El único beneficio que podemos atribuirles es que cuando afligieron a naciones enteras, el clamor angustioso de estos; subió al cielo y Dios se inclinó compadecido  proveyendo algún medio salvador o un alivio efectivo en medio de su tragedia. En su loca carrera, olvidaron que había un Dios en los cielos. Que es Paciente; si;  pero lo enoja la injusticia. Hay que recordar que muchas veces, los que sufrieron bajo sus reinados también le habían dado la espalda.

Hoy estas personas existen. Andan sueltos entre nosotros. No tienen que ser precisamente reyes o gobernantes. Están en medio de la sociedad; en el trabajo, la escuela o en nuestras propias familias. Tristemente muchas veces hasta en medio o al frente de iglesias. Este tipo de gente sigue y seguirá haciendo de las suyas. Pero mientras en el trono de los cielos haya un Dios “Tres veces Santo” ¡Ningún futuro trascendente  tienen sus esperanzas malévolas!

Quien se alegre porque logra con maldades,  aparentemente salirse con la suya; debe recordar esto: ¡Está condenado al fracaso! Es un perdedor. Su esplendor  es una burbuja de jabón que pronto se deshará en el aire por sí misma. Cuando menos por tres razones:

  1. Dios es eterno y piadoso; así que nunca tiene prisa para acabar con ellos.  Antes bien les da tiempo suficiente para que se arrepientan; en tanto robustece  la fe de los afligidos.
  2. Dios nunca se siente amenazado por ellos. Los disipará de un soplo”  Isaías 40:23-24;  “Me reiré desde los cielos de ellos” Salmos 2:4-5. Él puede hacerlo en cualquier momento.
  3. Pero además: El hombre vive tan poco… que de modo natural si no lo vence “prematuramente”  la enfermedad; simplemente lo harán los años. Después de aparentar ser sus aliados para conseguir sus propósitos; acabarán convirtiéndose en su peor enemigo. Más de uno acabó tan viejo, al grado de no poder tomar un vaso de agua del buró de su propia cama. Por último; alguien llegó a hacer efectiva la paga de sus pecados: La muerte. Nunca estuvieron listos para recibirla, pero ella fue la encargada de cortar de tajo todo el esplendor alcanzado para llevarlos de golpe a la presencia del Dios que nunca reconocieron.

 

Solo Dios vive y reina para siempre y por los siglos de los siglos. “Y toda rodilla se doblará ante Él”

El hombre; el hombre…”es solo un rocío que aparece por un poco de tiempo y de inmediato se desvanece”.

El Fin Terrenal  De Los Poderosos

Estos poderosos agotaron los preciosos últimos segundos de conciencia de sus vidas terrenales intentando defender  hasta con las uñas sus posiciones y posesiones. De mantener sus tesoros y control. De llevarse a la tumba todo lo que “era suyo” Pero la muerte invadió con sus tinieblas sus ojos para siempre. Sus pupilas quedaron congeladas contemplando  lo que dejaban y que ya era imposible retener. Tarde reconocieron (si lo hicieron) que “Sus esperanzas, no tenían futuro”.

Cuan diferente es el fin de los que tienen su esperanza puesta en Jesucristo. I Tesalonicenses  4:13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  

¡Nada tienen que defender pues todo es suyo en Cristo! Cerrarán los ojos puestos en el Autor y Consumador de su fe. No quieren un día más en la tierra cuando de ir al cielo se trata. Recuerdo a uno que dijo…  ”Fuera de ti; nada deseo en la tierra”. Y otro escribió: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

Terminemos el tema con este texto de la Palabra de Dios en contexto de Salmos 73: Miré y vi a los poderosos y luego volví a mirar y ya no estaban. Se fueron para siempre, y no dejaron más huella que el desprecio que sembraron. Nunca más volverán. Otros se levantarán seguramente; pero debieran pensar que su proceder es tan absurdo como el de los «grandes» del pasado. Quienes si aparecieran hoy; de inmediato se reunirían para echar planes para intentar dominar al mundo. Se verían como la siguiente imagen. Es un buen chiste ¿No?

Lo que no es chiste,  es que nunca fueron otra  cosa; es solo que jamás se dieron cuenta.

Sus esperanzas no tenían futuro.

 

Amigo mío: Tus esperanzas… ¿Tienen futuro? ¿En qué estás confiando?

Dios te bendiga: Pastor Verde.